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Domingo, 25 Octubre 2026 11:14

Amamos a Dios al amar a nuestros hermanos: Papa León XIV

Ciudad del Vaticano, ITALIA. - Amar a Dios y amar al prójimo, no como una imposición, sino como un deseo que nace de la comunión con Cristo; fue el mensaje prominente que dirigió el Papa León XIV a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro, antes de recitar el Ángelus este domingo 25 de octubre.

El primer precepto de la Iglesia no se trata de un mandato superfluo, sino de una auténtica necesidad de responder al amor que Dios entrega a sus hijos, fue la reflexión que el Santo Padre dedicó esta mañana a los feligreses congregados en la Plaza de San Pedro, previo al inicio de la oración mariana del Ángelus.

La exhortación del Papa León partió del Evangelio según San Mateo, en él, detalló el Pontífice, «un doctor de la Ley, para poner a prueba a Jesús, le pregunta: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?” (v. 36). El Maestro responde citando un pasaje del Deuteronomio: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”».

En consecuencia, rememoró el Sucesor de Pedro, «Cristo indica como elemento central de la relación con Dios la dimensión del amor. No es suficiente saber que Dios existe, que es único o que es omnipotente; el Señor nos pide una relación personal: el único y verdadero Dios quiere ser nuestro Dios».

    «En el encuentro con Él, el mandamiento del amor no es una obligación ni una imposición. No se puede amar “por mandato”. El amor a Dios es la exigencia propia del deseo del hombre, que halla su cumplimiento en la comunión con Él».

Segundo mandamiento: Una regla que surge de la misma fuente

A partir de esta premisa, el Romano Pontífice continuó su meditación al compartir a los presentes que el primer mandamiento no se halla aislado, sino que «El Señor une un segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”»; por lo tanto, resulta en una regla sagrada que, según León XIV, proviene de «la misma fuente».

    «Por eso, dice Jesús, es semejante a la primera. De la relación íntima con Dios somos capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de Cristo».

Es así, que el Santo Padre manifestó que poner al poner en práctica ambos mandamientos «se vence el egoísmo y también el amor por uno mismo se hace caridad; nuestra existencia se dirige hacia el otro y se hace don para quien está a nuestro lado».

Sin amor, la esperanza es vana

Antes de finalizar su discurso, el Papa León retomó las palabras de Santa Teresa del Niño Jesús, quien, consideró él, comprendió la trascendencia de las dos reglas divinas que encabezan los mandamientos de la Iglesia, al afirmar que «solo el amor puede hacer actuar a los miembros de la Iglesia; si este amor llegara a apagarse, ya no se anunciaría más el Evangelio».

Por tal motivo, el Vicario de Cristo afirmó con vehemencia a los fieles que, «sin él -amor-, en efecto, nuestra fe se vería privada de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo, nuestra esperanza sería vana».

Tras animar a la Iglesia a amar, el Santo Padre pidió a Dios la gracia «de un corazón nuevo, capaz de acoger y de vivir el gran mandamiento. Que interceda por nosotros la Virgen María, en cuyo corazón inmaculado no hay más que amor».

    «Queridos amigos, no podemos amar verdaderamente a Dios sin que ese amor se desborde hacia los hermanos y las hermanas. Y no podemos amar realmente a nuestro prójimo sino como hijos de un mismo Padre que nos amó primero en su Hijo Jesús».

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