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Un día moriremos y será una nueva vida, pero no perderemos nada
Ciudad del Vaticano. - El Papa Francisco invita a dar a las cosas “su justo peso” y a reflexionar sobre “lo que pasa y lo que permanece en nuestras vidas”, recordando que no tenemos que estar apegados a las cosas de la tierra sino a las palabras de Jesús que nos guían hacia la vida eterna.
Este mediodía el Papa Francisco se ha asomado desde el balcón pontificio para presidir la oración mariana del Ángelus y comentar el Evangelio de la liturgia de hoy, en el que el evangelista Marcos describe un escenario que parece apocalíptico, pero en realidad está impregnado de esperanza: “muchos podrían pensar en el fin del mundo, pero el Señor aprovecha la ocasión para ofrecernos una interpretación diferente” dice el Papa y se detiene en dos conceptos: “lo que pasa y lo que permanece”.
Las crisis y los fracasos nos enseñan a dar a cada cosa su justo peso
El Pontífice invita a tomar una perspectiva profunda sobre las crisis y los fracasos que experimentarnos y a no dejar que las dificultades nos desborden: “En algunas circunstancias de nuestra vida, cuando atravesamos una crisis o experimentamos algún fracaso, así como cuando vemos a nuestro alrededor el dolor causado por las guerras, las violencias, las catástrofes naturales, tenemos la sensación de que todo llega a su fin, y sentimos que incluso las cosas más bellas pasan”.
Sin embargo, el Papa recuerda que el sufrimiento y las pruebas son parte de la experiencia humana y nos enseñan a no aferrarnos excesivamente a lo material ni a lo transitorio: “Las crisis y los fracasos, aunque dolorosos, son importantes, porque nos enseñan a dar a cada cosa su justo peso, a no atar nuestro corazón a las realidades de este mundo, porque pasarán: están destinadas a pasar”.
Moriremos un día, pero no perderemos nada de lo que hemos construido y amado
Aunque en la vida todo pasa, hay algo que permanecerá eterno: las palabras de Jesús; “éstas – dice el Papa – permanecerán por siempre”.
“En Él volveremos a encontrar un día las cosas y las personas que han pasado y que nos han acompañado en nuestra existencia terrenal. A la luz de esta promesa de resurrección, toda realidad adquiere un significado nuevo: todo muere y también nosotros moriremos un día, pero no perderemos nada de lo que hemos construido y amado, porque la muerte será el comienzo de una nueva vida”.
¿Estás apegado a las cosas de la tierra o a las palabras del Señor?
Por último, el Papa invita a reflexionar sobre la “esperanza cristiana” y recuerda que, incluso en las tribulaciones, en las crisis y en los fracasos “el Evangelio nos invita a mirar la vida y la historia sin tener miedo de perder lo que acaba, sino con alegría por lo que queda” pues Dios “nos prepara un futuro de vida y alegría”.
Y antes de concluir, el Papa ha lanzado una pregunta crucial: ¿estamos apegados a las cosas de la tierra, que pasan rápidamente, o a las palabras del Señor, que permanecen y nos guían hacia la eternidad?
Cuando te haces cercano a un pobre, es Jesús quien se acerca a ti
Ciudad del Vaticano. - En el Ángelus de la Plaza de San Pedro, Francisco invitó a tener el cuidado y la mirada de Jesús, que escuchó la súplica de Bartimeo, el ciego curado: “Quien más gracia recibe de la limosna es quien la da, porque se deja mirar por los ojos del Señor”.
El Papa en el Ángelus relanzó algunos puntos esenciales de su reflexión sobre el Evangelio de Marcos que narra la curación del ciego Bartimeo. Resumió lo que ya había profundizado en la homilía de la misa con los participantes en la Asamblea sinodal en el Vaticano. ¿Cómo miramos al pobre? ¿Con piedad evangélica o con indiferencia?
Jesús ve al mendigo que grita y lo escucha
La multitud ignora a Bartimeo, en cambio los “receptores” de Jesús están activos. La gente no tiene “ninguna mirada de atenta, ningún sentimiento de compasión” aunque Bartimeo sí se hace oír y ver. “Jesús, sin embargo, le escucha y le ve”. El sentido del grito, de la fe, del camino, es lo que Francisco puso de relieve en el Ángelus.
En primer lugar, el grito de Bartimeo, que no es sólo una petición de ayuda. Es una afirmación de sí mismo. El ciego está diciendo: “Yo existo, mírame. No puedo ver, Jesús. ¿Tú me ves?". Sí, Jesús ve al hombre mendicante y lo escucha, con los oídos del cuerpo y con los del corazón.
Cuántas veces miramos para otro lado
Francisco invitó a ponerse en el lugar de Jesús, pero también en el del pobre: “Cuando nos cruzamos con algún mendigo por la calle: ¿cuántas veces miramos para otro lado? ¿cuántas veces lo ignoramos, como si no existiera?”. Luego, como de costumbre, el Papa jesuita planteó preguntas para el discernimiento personal y comunitario.
¿Cómo miro a un mendigo? ¿Lo ignoro? ¿Lo miro como lo hace Jesús? ¿Soy capaz de entender sus interpelaciones, su grito de ayuda? Cuando das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Tocas su mano para sentir su carne?
Quien más gracia recibe de la limosna es quien la da
En realidad, es como si se invirtieran los papeles: la multitud, a pesar de tener la facultad de la vista, es en realidad ciega y sorda, indiferente. Bartimeo, a pesar de tener una limitación física, ve con los ojos de la fe.
Cada uno de nosotros es Bartimeo, ciego por dentro, que sigue a Jesús una vez que nos acercamos a Él. Cuando te acercas a un pobre y te haces cercano, es Jesús quien se acerca a ti en la persona de ese pobre. [...]. Quien más gracia recibe de la limosna es quien la da, porque se hace contemplar por los ojos del Señor.
El Papa Francisco canoniza a 14 nuevos santos católicos
• Incluyendo a los 11 mártires de Damasco que fueron asesinados en Siria por negarse a renunciar a su fe.
Ciudad del Vaticano. - El padre Manuel Ruiz López y sus siete compañeros; Francis, Mooti y Raphael Massabki; el padre Joseph Allamano; la hermana Marie Leonie Paradis; y la hermana Elena Guerra—cada uno ejemplificó la virtud heroica y dio testimonio de la santidad dentro de sus vocaciones únicas, dijo el Papa.
En la Misa de Canonización en la Plaza de San Pedro el domingo de la Misión Mundial, dijo: "Estos nuevos santos vivieron el camino de Jesús: el servicio. ”
La canonización de los mártires de Damasco es un "signo de esperanza para los cristianos"
Antes de la canonización de los Mártires de Damasco en la Misa celebrada por el Papa Francisco el 20 de octubre, el P. Luke Gregory, de la Custodia de Tierra Santa, dice que su testimonio ofrece un signo de esperanza y ecumenismo para los cristianos de todo el mundo, especialmente los de Siria, donde los cristianos representan alrededor del 2% de la población.
En la noche del 9 de julio de 1860, once hombres (ocho frailes franciscanos y tres laicos maronitas, conocidos colectivamente como los once mártires de Damasco) fueron asesinados y, en 1926, el Papa Pío XI los beatificó.
Más de 160 años después de sus muertes, el Papa Francisco canonizará a estos hombres en una misa en la Plaza de San Pedro el 20 de octubre.
En una entrevista con Vatican News, el P. Luke Gregory, sacerdote franciscano de la Custodia de Tierra Santa, describió su canonización como un signo de esperanza en medio del conflicto en curso en Medio Oriente.
Martirio: un mensaje de ecumenismo
El martirio que sufrieron no es muy diferente de la situación de muchos cristianos en el Medio Oriente hoy.
Damasco, situada en Syira, alberga una de las comunidades cristianas más antiguas del mundo, pero sólo alrededor del 2% de la población todavía se identifica con la fe. Durante la última década, los cristianos han enfrentado persecución en Siria, luego de la guerra civil del país que comenzó en 2011.
Los once hombres serán canonizados, aunque el grupo está formado por ritos católicos diferentes. En 2023, el Papa Francisco estableció la “Comisión de Nuevos Mártires—Testigos de la Fe” para catalogar a los cristianos que han muerto por su fe en Cristo. A través de la Comisión, varios cristianos no católicos también han sido incluidos en la lista de mártires, entre ellos los cristianos coptos asesinados en Libia.A sign of hope
Para los cristianos de Oriente Medio, el p. Gregory dijo que reflexionar sobre la vida de estos hombres “da una señal de esperanza porque después del derramamiento de sangre hay una nueva primavera”.
Explicó que los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa esperan que la intercesión de estos mártires conduzca al fin del conflicto en Israel, Palestina y otras partes de Oriente Medio.
Más allá de la esperanza, el P. Gregory dijo que reza para que su ejemplo y la canonización puedan ser una forma de abrir una línea de comunicación entre diferentes grupos religiosos y ayudar a lograr la paz.
"El mundo entero estará atento", dijo, a la canonización, que espera que "conduzca al diálogo".
Un lugar de peregrinación y oración.
Hay un santuario en Batumah en honor de los 11 hombres, dijo el P. Gregory señaló, añadiendo que está "siendo renovado y abierto al público".
En julio de 2024 se descubrieron cinco grandes lienzos con imágenes de los mártires que datan de 1926, cuando fueron beatificados.
P. Gregorio expresó su esperanza de que una vez que termine el conflicto en Oriente Medio, se puedan reanudar las peregrinaciones a Tierra Santa y más personas puedan visitar el lugar de estos mártires de Damasco.
El Papa invoca el don de la paz
Ciudad del Vaticano. - En el Ángelus, después de la misa de canonización, Francisco relanza el llamamiento en favor de los países en guerra y subraya la importancia de la figura de san José Allamano en la atención a las poblaciones «frágiles y vulnerables». Por último, exhorta contra toda forma de explotación «de su dignidad y de sus territorios».
“Sigamos rezando por los pueblos que sufren a causa de la guerra -los mártires de Palestina, Israel, Líbano, los mártires de Ucrania, Sudán, Myanmar y todos los demás- e invoquemos para todos el don de la paz.”
En el rezo del Ángelus el Papa Francisco renueva el llamamiento a la oración por los países en guerra y dirige su saludo a los fieles que han venido a «honrar» a los santos recién canonizados. En particular a los fieles maronitas, y a los «misioneros y misioneras de la Consolata», la institución fundada por San Giuseppe Allamano en 1901 y 1910 respectivamente. Francisco recordó la presencia del Presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella, así como la de una «numerosa» delegación ugandesa que había acudido con motivo del 60º aniversario de la canonización de los mártires de Uganda.
El llamamiento a la protección de las poblaciones "frágiles"
La figura del nuevo santo de Castelnuovo d'Asti «nos recuerda la necesaria atención a las poblaciones más frágiles y vulnerables», dice Francisco, haciendo referencia directa al pueblo yanomami, originario de la selva amazónica. Entre ellos, recuerda el Papa, «tuvo lugar el milagro vinculado a la canonización de hoy:
"Hago un llamamiento a las autoridades políticas y civiles para que garanticen la protección de estos pueblos y de sus derechos fundamentales y contra toda forma de explotación de su dignidad y de sus territorios".
La misión evangélica de todo cristiano
Francisco recuerda también la Jornada Mundial de las Misiones de hoy, con el tema «Id e invitad a todos al banquete», subrayando la naturaleza «del anuncio» como portador de un «encuentro festivo con el Señor que nos ama y que quiere que participemos de su alegría conyugal». Como enseñan los nuevos santos, dice Francisco, «cada cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en cada ambiente.
"Sostengamos, con nuestra oración y nuestra ayuda, a todos los misioneros que, a menudo con gran sacrificio, llevan el luminoso anuncio del Evangelio a todos los rincones de la tierra".
Al final de la oración, el Papa atravesó la Plaza de San Pedro a bordo del Papamóvil, saludando a los fieles.
La fe nos libera del horror de que todo acaba después de la muerte
Ciudad del Vaticano. - En la audiencia general, Francisco recorrió el camino que ha llevado a la Iglesia a la comprensión de la plena divinidad de la tercera Persona de la Trinidad, precisando que el Espíritu Santo es quien da nueva vida a los creyentes. Cuando decimos «Creo en el Espíritu Santo» en la misa, afirmamos que el Espíritu es Dios». Esta fe debe cultivarse «también para aquellos que, a menudo sin culpa propia, están privados de ella y son incapaces de dar sentido a la vida».
¿Cómo está presente y actúa el Espíritu Santo en la Iglesia? El Papa Francisco lo ha explicado con palabras sencillas en la audiencia general celebrada esta mañana, 16 de octubre, en la Plaza de San Pedro, y ha aclarado que «el Espíritu Santo es “vivificador”, es decir, da vida». Vida, incluso más allá de la muerte.
El Espíritu habita en nosotros, está dentro de nosotros. La fe nos libera del horror de tener que admitir que todo termina aquí, que no hay redención para el sufrimiento y la injusticia que reinan en la tierra.
Hijos de Dios en Cristo
Francisco -que comienza su catequesis tras cruzar el hemiciclo de Bernini en el jeep blanco- describe primero el camino que ha llevado a la Iglesia «a la certeza de la plena divinidad» del Espíritu Santo, y luego precisa «qué vida da el Espíritu Santo».
Al principio, en la creación, el soplo de Dios da a Adán la vida natural; de una estatua de barro, lo convierte en «un ser viviente". Ahora, en la nueva creación, el Espíritu Santo es quien da a los creyentes la vida nueva, la vida de Cristo, vida sobrenatural, de hijos de Dios..
Vida eterna
Esto significa, como escribe San Pablo, que «la ley del Espíritu, que da vida en Cristo Jesús» nos ha liberado «de la ley del pecado y de la muerte».
¿Dónde está, en todo esto, la noticia grande y consoladora para nosotros? En que la vida que nos da el Espíritu Santo es la vida eterna. La fe nos libera del horror de tener que admitir que todo termina aquí, que no hay redención para el sufrimiento y la injusticia que reinan soberanas en la tierra.
Cultivar la fe en la resurrección
Y es de nuevo el Apóstol de las gentes quien nos asegura que «el que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también vida» a nuestros «cuerpos mortales por medio de su Espíritu Santo que habita» en nosotros. Por eso, hoy, cuando en la Misa decimos «Creo en el Espíritu Santo», afirmamos que el Espíritu Santo «es Dios», está en nosotros y nos da la vida.
El Espíritu Santo comparte el señorío de Dios
Recorriendo el camino de los creyentes, el Papa subrayó que a lo largo de los siglos fue la experiencia «de la acción santificadora y divinizadora del Espíritu Santo la que llevó a la Iglesia» a comprender -como se explicitó entonces «en el Concilio Ecuménico de Constantinopla en 381»- «la plena divinidad del Espíritu Santo», que el Espíritu Santo «es Señor y da la vida, y procede del Padre [y del Hijo]. Con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado, y ha hablado por los profetas». Con estas palabras, que aún hoy pronunciamos en el «Credo», se pretendía subrayar que el Espíritu Santo «comparte el “Señorío” de Dios, que pertenece al mundo del Creador, no al de las criaturas».
Del Padre y del Hijo
San Basilio el Grande dijo entonces que al Espíritu Santo «se le debe la misma gloria y adoración que al Padre y al Hijo», que «el Espíritu Santo es Señor, es Dios», recuerda Francisco, añadiendo que la Iglesia latina precisó más tarde en el Credo de la Misa que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo utilizando la expresión «Filioque». Esta terminología «dio origen a la disputa conocida con este nombre, que ha sido el motivo (o el pretexto) de tantas disputas y divisiones entre la Iglesia de Oriente y la Iglesia de Occidente», una cuestión que «en el clima de diálogo establecido entre las dos Iglesias, ha perdido la dureza del pasado», señala el Papa, hasta el punto de hacer «esperar una plena aceptación recíproca, como una de las principales “diferencias reconciliadas”».
Me gusta decir esto: «diferencias reconciliadas». Entre cristianos hay muchas diferencias: éste es de esta escuela, el otro; éste es protestante, aquél... Lo importante es que estas diferencias se reconcilien, en el amor de caminar juntos.
¿Quieres ser grande? Hazte pequeño, ponte al servicio de todos
CIUDAD DEL VATICANO. - En su catequesis previa a la oración del Ángelus, comentando el Evangelio de la Liturgia, Francisco invita a dejar de lado orgullo y deseos de poder y a estar preparados para servir porque “el verdadero poder no está en el dominio de los más fuertes, sino en el cuidado de los más débiles”.
Librarnos del orgullo y de la vanagloria que cierran el corazón y aprender a reconocer el rostro de Jesús en los más débiles, sirviendo con generosidad. Ésta fue, en síntesis, la exhortación del Papa Francisco en su alocución previa a la oración mariana del Ángelus de este domingo 22 de septiembre, XXV del tiempo ordinario.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, ante los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro para escuchar su catequesis y rezar junto a él la oración a la Madre de Dios, el Obispo de Roma reflexionó sobre el Evangelio de la liturgia (Mc 9,30-37) en el que Jesús anuncia lo que ocurrirá al final de su vida:
El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.
Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos
Remitiéndose al pasaje evangélico, el Papa relata que los discípulos, mientras seguían al Maestro tenían otra cosa en la cabeza y cuando Jesús les pregunta de qué estaban hablando “callan porque discutían sobre quién era el más grande”.
“Mientras Jesús les confiaba a ellos el sentido de su vida, estos hablaban de poder”, nota. Y entonces “la vergüenza les cierra la boca, como antes el orgullo había cerrado su corazón”.
Pero Jesús, evidencia Francisco, responde abiertamente a los discursos susurrados de los discípulos con una frase:
"Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos" (cf. v. 35).
El verdadero poder: cuidar de los más débiles
“¿Quieres ser grande? Hazte pequeño, ponte al servicio de todos” insta el Papa, evidenciando cómo el Señor, con una palabra tan sencilla como decisiva, renueva nuestro modo de vivir:
“Jesús nos enseña que el verdadero poder no está en el dominio de los más fuertes, sino en el cuidado de los más débiles. El verdadero poder es cuidar de los más débiles, eso te hace grande”
He aquí por qué el Maestro llama a un niño, lo coloca entre los discípulos y lo abraza diciendo: "El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí" (v. 37), porque “el niño no tiene poder: tiene necesidad”, explica el Santo Padre e indica:
“Cuando cuidamos al hombre, reconocemos que el hombre siempre necesita vida”
Cuánto sufrimiento por las luchas de poder
Francisco recuerda que todos nosotros “estamos vivos porque hemos sido acogidos, pero el poder nos hace olvidar esta verdad. Entonces nos convertimos en dominadores, no servidores, y los primeros que sufren son precisamente los últimos: los pequeños, los débiles, los pobres”.
“¡Cuántas personas sufren y mueren por las luchas de poder! Son vidas que el mundo rechaza, como rechazó a Jesús”
“Cuando Jesús fue entregado en manos de los hombres, Él no encontró un abrazo, sino una cruz” observa el Papa. Y sin embargo, “el Evangelio sigue siendo palabra viva y llena de esperanza: Aquel que fue rechazado resucitó, ¡es el Señor!”
Listos para servir
El Pontífice concluyó su reflexión instando a hacernos tres preguntas:
“¿Sé reconocer el rostro de Jesús en los más pequeños? ¿Cuido del prójimo, sirviendo con generosidad? Y viceversa, ¿agradezco a los que cuidan de mí?”
Y finalmente, invitó a rezar a María, para estar como ella, “libres de la vanagloria y preparados para servir”.
Los cristianos coherentes concretizan la oración en el amor a los demás
Ciudad del Vaticano. - Antes del rezo del Ángelus de este domingo, comentando el Evangelio de la liturgia, Francisco nos invita a no reducir nuestra relación con Dios a gestos exteriores si luego, en nuestro interior, despreciamos a los pobres o nos comportamos deshonestamente en nuestro trabajo. No sirve de nada hacer «un poco de voluntariado», y luego chismear «sin piedad de todo y de todos».
Una invitación a vivir la propia fe «de manera coherente», y con los propios sentimientos, «con palabras y con obras», concretar «en la cercanía y el respeto de los hermanos lo que digo en la oración». Este es el mensaje que el Papa Francisco dirige a todos los cristianos antes del rezo del Ángelus de este domingo, XXII del Tiempo Ordinario, comentando el pasaje del Evangelio de Marcos, incluido en la liturgia, en el que Jesús habla de los puros y los impuros. Recuerda que era «un tema muy querido por sus contemporáneos», vinculado sobre todo a la observancia de rituales y normas de comportamiento, «para evitar cualquier contacto con cosas o personas consideradas impuras y, si esto sucedía, borrar la “mancha”».
El Evangelio relata que algunos escribas y fariseos, estrictos observantes de esas normas, acusan a Jesús de permitir que sus discípulos tomen alimentos «con manos impuras, es decir, sin lavar». Entonces el Maestro aprovecha la ocasión para invitarles a reflexionar sobre el significado de la «pureza», y les explica que «no está ligada a ritos externos, sino ante todo a disposiciones interiores».
Para ser puro, por tanto, no es necesario lavarse las manos varias veces, si luego se albergan malos sentimientos como la avaricia, la envidia y el orgullo, o malas intenciones como el engaño, el robo, la traición y la calumnia.
Se trata de un ritualismo, aclara el Papa, «que no hace crecer en el bien, es más, a veces puede llevar a descuidar, o incluso a justificar, en uno mismo y en los demás, opciones y actitudes contrarias a la caridad, que hieren el alma y cierran el corazón». Y esto también es importante para nosotros hoy.
No se puede, por ejemplo, salir de la Santa Misa y, ya en el patio de la iglesia, pararse a chismorrear malvada y despiadadamente sobre todo y sobre todos. O mostrarse piadoso en la oración, pero luego en casa tratar a los propios familiares con frialdad y desapego, o desatender a los padres ancianos, que necesitan ayuda y compañía
O también, continúa Francisco, ser en apariencia «muy correctos con todos, tal vez incluso haciendo un poco de voluntariado y algunos gestos filantrópicos, pero luego por dentro cultivar el odio hacia los demás, despreciar a los pobres y a los últimos, o comportarse deshonestamente en el propio trabajo».
De este modo, la relación con Dios se reduce a gestos externos, y en el interior se permanece impermeable a la acción purificadora de su gracia, permaneciendo en pensamientos, mensajes y comportamientos desprovistos de amor.
No, continúa el Pontífice, estamos hechos «para la pureza», la ternura y el amor.
Preguntémonos, pues: ¿vivo mi fe con coherencia? En mis sentimientos, palabras y obras, ¿concreto en mi cercanía y respeto a los hermanos lo que digo en la oración?
Nuestra oración a María, Madre purísima, es que «nos ayude a hacer de nuestra vida, en el amor sentido y practicado, un culto agradable a Dios».
No es fácil seguir al Señor, pero solo Él es la plenitud de vida
CIUDAD DEL VATICANO. - Hoy como ayer, no es fácil comprender el modo de actuar de Jesús. Francisco lo recuerda en el Ángelus de la Plaza de San Pedro y explica que, como los apóstoles, también nosotros tenemos esta experiencia, pero cuanto más cerca estamos de Él a través de los sacramentos y la oración, más descubrimos que sólo Él es la vida eterna.
“Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Con esta célebre respuesta de San Pedro al Jesús, referida en el Evangelio de San Juan, propuesto por la liturgia del día, el Papa inició catequesis de este domingo 25 de agosto, antes de rezar la oración del Ángelus.
“Es una expresión muy hermosa que testimonia la amistad y la confianza que lo unen a Cristo, junto con los demás discípulos”, comentó el Santo Padre, dirigiéndose a los fieles, romanos y peregrinos, congregados en una calurosa la plaza de San Pedro.
La respuesta a la sed de vida
El Papa notó que Pedro pronuncia esta frase “en un momento crítico” ya que Jesús acababa de terminar un discurso en el que había dicho que era “el pan bajado del cielo” (cf. Jn 6,41). “Es un lenguaje difícil de entender para la gente” evidenció Francisco, y muchos lo abandonaron, pero “los Doce, en cambio, no: se quedaron, porque en Él encontraron palabras de vida eterna”.
Francisco observó que no es fácil seguir al Señor, no siempre comprenden lo que el Maestro dice y hace, las exigencias extremas de su misericordia.
Y, sin embargo, entre los muchos maestros de aquel tiempo, Pedro y los demás apóstoles encontraron solo en Él la respuesta a la sed de vida, de alegría, de amor que los anima; solo gracias a Él experimentan la plenitud de vida que buscan, más allá de los límites del pecado e incluso de la muerte. Por eso no se van, al contrario, todos, excepto uno, incluso entre muchas caídas y arrepentimientos, permanecen con Él hasta el final (cf. Jn 17,12).
Sacramentos y oración para vivir la amistad con Jesús
Y esto – indica el Papa - también nos concierne a nosotros: tampoco para nosotros es fácil seguir al Señor, comprender su modo de actuar, hacer nuestros sus criterios y sus ejemplos.
Pero, cuanto más nos acercamos a Él - cuanto más nos adherimos a su Evangelio, recibimos su gracia en los Sacramentos, estamos en su compañía en la oración, lo imitamos en la humildad y en la caridad, más experimentamos la belleza de tenerlo como Amigo, y nos damos cuenta de que solo Él tiene “palabras de vida eterna”.
El Santo Padre invitó entonces a preguntarnos:
“¿Hasta qué punto está presente Jesús en mi vida? ¿Hasta qué punto me dejo tocar y provocar por sus palabras? ¿Puedo decir que son también para mí ‘palabras de vida’?”
Al concluir su reflexión, Francisco pidió la intercesión de la Virgen María, “que acogió a Jesús, Verbo de Dios, en su carne”, para que nos ayude a escuchar a Jesús, y a no dejarlo nunca.
Jesús alimenta nuestra vida con la suya: Papa Francisco
Ciudad del Vaticano. - «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo» (Jn 6,51) con el Evangelio de este domingo el Santo Padre reflexiona en el Ángelus sobre milagro de la Eucarística que en la actualidad también generan “asombro y gratitud”.
“Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, que afirma con sencillez: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo» (Jn 6,51)”, recordó el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus este domingo XX del Tiempo Ordinario desde la ventana del Palacio Apostólico en la Plaza de San Pedro.
El Santo Padre señala que Jesús se identifica “con el alimento más común y cotidiano, el pan”. Por lo que algunos discutían: ¿cómo puede Jesús darnos a comer su propia carne?... “También nosotros nos hacemos hoy esta pregunta, pero con asombro y gratitud. He aquí dos actitudes sobre las que reflexionar ante el milagro de la Eucaristía”, dijo.
Asombro y gratitud
En primer lugar, “asombrarnos -expresó Francisco-, porque las palabras de Jesús nos sorprenden. Pero Jesús siempre nos sorprende. Siempre. Incluso hoy, en su propia vida, Jesús siempre nos sorprende. El pan del cielo es un don que supera todas las expectativas. Quien no capta el estilo de Jesús sigue desconfiando: parece imposible, incluso inhumano, comer la carne de otro (cf. v. 54). La carne y la sangre, en cambio, son la humanidad del Salvador, su propia vida ofrecida como alimento para la nuestra”.
Luego reflexiona sobre “la gratitud”, afirmando que “reconocemos a Jesús allí donde está presente para nosotros y con nosotros. Él se hace pan para nosotros. «El que come mi carne permanece en mí y yo en él» (cf. v. 56). El Cristo, verdadero hombre, sabe bien que hay que comer para vivir. Pero también sabe que esto no basta. Después de haber multiplicado el pan terrenal (cf. Jn 6,1-14), prepara un don aún mayor: Él mismo se convierte en verdadera comida y verdadera bebida (cf. v. 55). ¡Gracias, Señor Jesús!”
El pan celestial que sacia la esperanza
El Papa advierte que el hambre de salvación no se siente en el estómago sino en el corazón, porque sacia el hambre de la esperanza: “El pan celestial, que viene del Padre, es el mismo Hijo hecho carne por nosotros. Este alimento nos es más que necesario, porque sacia el hambre de esperanza, el hambre de verdad, el hambre de salvación que todos sentimos, no en el estómago, sino en el corazón. La Eucaristía nos es necesaria, a todos”, expresó.
El pan vivo no es algo mágico
También advierte que la Eucaristía oes algo mágico sino Cuerpo mismo de Cristo: “Jesús se ocupa de la mayor necesidad: nos salva, alimentando nuestra vida con la suya, y esto, para siempre. Y gracias a Él podemos vivir en comunión con Dios y entre nosotros. El Pan Vivo y Verdadero no es algo mágico, no; no es una cosa que resuelve de repente todos los problemas, sino que es el Cuerpo mismo de Cristo, que da esperanza a los pobres y vence la arrogancia de los que se jactan en su detrimento”.
Finalmente, el Pontífice propone algunas preguntas para la reflexión: ¿tengo hambre y sed de salvación, no sólo para mí, sino para todos mis hermanos? Cuando recibo la Eucaristía, que es el milagro de la misericordia, ¿soy capaz de maravillarme ante el Cuerpo del Señor, muerto y resucitado por nosotros?
Al rezar la oración del Ángelus, el Papa Francisco suplica a la Virgen María “que nos ayude a recibir el don del cielo en el signo del pan”.
Recen para que triunfe la paz de Cristo
• Francisco envía un mensaje a la 142ª Convención Suprema de los Caballeros de Colón, e invita a todos a rezar por la paz y a trabajar para construir una "civilización del amor".
CIUDAD DEL VATICANO. - Cuando los Caballeros de Colón se reunieron en la ciudad de Quebec, Canadá, del 6 al 8 de agosto, el Papa Francisco envió sus oraciones y apoyo para su misión. El mensaje papal fue enviado a Patrick Kelly, el Caballero Supremo, y fue firmado por el Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.
El Papa reflexionó sobre el tema de la 142ª Convención Suprema, "En Misión", y destacó que cada cristiano es un misionero en la medida en que hemos encarnado el amor de Dios en Cristo.
"La fundación de los Caballeros de Colón, guiada por la visión profética del Beato Michael McGivney", dijo el Papa, "se inspiró en la urgente necesidad de dar testimonio de ese amor, sobre todo en el servicio a los pobres y en el celo apostólico por la edificación de la Iglesia en la unidad, la fraternidad y la fidelidad a la verdad salvífica del Evangelio".
El Papa pide un alto el fuego inmediato en Oriente Medio
El Papa lanza un nuevo llamamiento para que el conflicto entre Israel y Hamás no se extienda y pide que cesen las armas "empezando por Gaza, donde la situación humanitaria es ...
Formar hombres de fe y familia
El Santo Padre elogió los esfuerzos de los Caballeros por formar hombres de "fe y familia", afirmando que su compromiso con la familia como célula fundamental de la sociedad ha ayudado a muchas personas a madurar.
El Papa expresó su especial aprecio por la iniciativa "Cor" de los Caballeros, que busca formar hombres católicos "para vivir su fe y servir a su familia, parroquia, comunidad y país" centrándose en "la oración, la formación y la fraternidad".
"Toda proyección misionera tiene su corazón y su latido en la presencia de Nuestro Señor en el Santo Sacrificio de la Misa, ofrecido por la paz y la salvación de todo el mundo", manifestó.
Los Caballeros de Colón ayudaron a promover la Peregrinación Eucarística que convergió en la ciudad de Indianápolis en julio de 2024. En este sentido, sostuvo que la iniciativa daba un "testimonio impresionante" de la fe de la Iglesia en el sacrificio redentor de Cristo en la cruz.
El Sucesor de Pedro recordó las guerras y el malestar social que sacuden muchas partes del mundo, y pidió oraciones por la justicia, la paz y la reconciliación.
Que los Caballeros y sus familias, auguró, "perseveren en ofrecer sus oraciones y misas por el triunfo de la paz de Cristo en los corazones de todos los pueblos y la construcción de la civilización del amor".
Apoyo a la misión de la Iglesia y a los cristianos que sufren
El Papa Francisco también se refirió a las actividades caritativas de los Caballeros y a sus esfuerzos por apoyar el matrimonio, la dignidad de la vida humana y la misión de la Iglesia en los países en vías de desarrollo.
Mencionó su labor caritativa en Ucrania y en las comunidades cristianas de Oriente Medio, así como su atención a los cristianos que sufren persecución por su fe en Cristo.
Volviendo al próximo Jubileo de 2025, el Papa agradeció a los Caballeros por patrocinar la renovación en curso del baldaquino de la Basílica de San Pedro.
Expresó su esperanza de que cuando los peregrinos "contemplen el gran baldaquino de Bernini que se eleva sobre la Tumba de San Pedro, que incluso ahora está siendo restaurado a su esplendor original gracias a la generosidad de los Caballeros de Colón, se fortalezcan en la fe y en la unidad con el Sucesor de Pedro".
Para concluir, el Papa Francisco encomendó a los Caballeros de Colón a la protección maternal de la Santísima Virgen María, y les invitó a cumplir su misión bautismal de "ser fermento de paz y santidad en nuestra familia humana".