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Sólo la caridad puede llenar la vida, no las cosas materiales
CIUDAD DEL VATICANO. - Este domingo 4 de agosto, en su reflexión previa al rezo de la oración del Ángelus, el Santo Padre indicó que, “las cosas materiales no llenan la vida: solo el amor lo puede hacer. Y para que eso suceda el camino a seguir es el de la caridad que no se guarda nada para sí, sino que lo comparte todo”.
“El verdadero pan, en definitiva, era y es Jesús, su Hijo amado hecho hombre, que vino a compartir nuestra pobreza para guiarnos, a través de ella, al gozo de la comunión plena con Dios y con los hermanos, en la entrega”, este fue el centro de la reflexión del Papa Francisco en su alocución previa a la oración mariana del ángelus de este domingo 4 de agosto, ante los miles de fieles y peregrinos que se dieron cita en la plaza de San Pedro para rezar a la Madre de Dios.
Con la ayuda de Dios todos pueden tener algo
Al comentar el Evangelio de este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dijo que, la Palabra de Dios hoy nos habla de Jesús que, después del milagro de los panes y de los peces, invita a la multitud que lo busca a reflexionar sobre lo que ha sucedido, para comprender su significado.
“Habían comido ese alimento compartido y habían podido ver cómo, incluso con pocos recursos, gracias a la generosidad y a la valentía de un muchacho, que había puesto a disposición de los demás lo que tenía, todos se habían alimentado hasta saciarse. La señal es clara: si cada uno da a los demás lo que tiene, con la ayuda de Dios, incluso con poco, todos pueden tener algo”.
El Padre revela el sabor del pan que sacia sin medida
Sin embargo, el Papa Francisco señaló que la multitud no había entendido a Jesús, lo confundieron con una especie de ilusionista y volvieron a buscarlo, esperando que repitiera el prodigio como si fuera una especie de magia. A pesar de que fueron protagonistas de una experiencia fundamental para su camino, no captaron su importancia.
“Su atención se centró sólo en los panes y los peces, en los alimentos materiales, que se acabaron inmediatamente, dejándolos todavía con hambre. No se dieron cuenta de que aquello era sólo un instrumento, a través del cual el Padre, mientras saciaba su hambre, les revelaba algo mucho más importante: el camino de la vida que dura para siempre y el sabor del pan que sacia sin medida”.
Jesús nos lleva a la plena comunión con Dios y con los hermanos
A los miles de fieles y peregrinos que escuchaban su catequesis en la Plaza de San Pedro, el Obispo de Roma les dijo que, Jesús es el verdadero pan que vino para llevarnos a la plena comunión con Dios y con los hermanos.
“El verdadero pan, en definitiva, era y es Jesús, su Hijo amado hecho hombre, que vino a compartir nuestra pobreza para guiarnos, a través de ella, al gozo de la comunión plena con Dios y con los hermanos, en la entrega”.
Las cosas materiales no llenan la vida: sólo el amor puede hacerlo
Ante esta constatación de que las cosas materiales no llenan la vida, el Santo Padre indicó que, sólo el amor puede hacerlo, y para ello el camino a seguir es el de la caridad, que no guarda nada para sí, sino que lo comparte todo. Y puso como ejemplo el amor de los padres, que luchan toda su vida por educar bien a sus hijos y dejarles algo para el futuro.
“¡Qué hermoso cuando este mensaje se entiende y los niños están agradecidos y a su vez se apoyan unos a otros como hermanos! ¡Y qué triste, en cambio, cuando discuten sobre la herencia y tal vez no vuelven a hablarse durante años! El mensaje del padre y de la madre, su legado más preciado, no es el dinero, sino el amor con el que dan a sus hijos todo lo que tienen, así como Dios lo hace con nosotros, y así nos enseñan a amar”.
María nos enseñe a hacer de cada cosa un instrumento de amor
Finalmente, antes de concluir su alocución el Papa Francisco invocó a la Virgen María, que entregó a Jesús toda su vida, para que nos enseñe a hacer de cada cosa un instrumento de amor, e invitó a hacernos las siguientes preguntas que nos harán mucho bien.
“¿Qué relación tengo con las cosas materiales? ¿Soy esclavo de ellos o los uso libremente, como herramientas para dar y recibir amor? ¿Sé decir “gracias” a Dios y a mis hermanos por los dones recibidos y compartirlos con alegría?”.
Que María nos ayude a ser discípulos misioneros: Papa Francisco
CIUDAD DEL VATICANO. - Este XV Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre en su alocución previa a la oración del ángelus invitó a los fieles y peregrinos a pedir a la Madre de Dios, Reina de los Apóstoles, para que “nos ayude a ser verdaderos discípulos misioneros, en comunión y sobriedad de vida”.
“La comunión y la sobriedad son valores importantes para nuestra vida cristiana y para nuestro apostolado, valores indispensables para una Iglesia verdaderamente misionera, en todos los niveles”, este es el centro de la catequesis del Papa Francisco en su alocución previa a la oración mariana del ángelus, de este domingo 14 de julio de 2024.
Enviados juntos y con lo necesario
Al comentar el Evangelio de este XV Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre dijo que, hoy la Palabra de Dios nos habla de Jesús que envía a sus discípulos en misión, que los envía "de dos en dos" y les recomienda que lleven sólo lo necesario. De ahí, la invitación del Pontífice a reflexionar sobre esta imagen: “los discípulos son enviados juntos y deben llevar consigo sólo lo necesario”.
Saber mantener la sobriedad
En este sentido, el Papa Francisco señaló que, el Evangelio no se anuncia solos, sino juntos, como comunidad, y para hacerlo es importante saber mantener la sobriedad. “Saber ser sobrios en el uso de las cosas – indicó el Pontífice – compartiendo los recursos, las capacidades y los dones, y prescindiendo de la superfluo, para ser libres y para que todos tengan lo necesario para vivir dignamente y contribuir activamente a la misión”. Luego, el Papa también subrayó que hay que saber “ser sobrios en los pensamientos y en los sentimientos, abandonando las visiones parciales, los prejuicios y las rigideces que, como equipaje inútil, pesan y obstaculizan el camino, para favorecer en cambio el debate y la escucha, y así hacer más eficaz el testimonio”.
Encarnar la belleza del mensaje de Jesús
Asimismo, el Santo Padre invitó a observar lo que sucede en nuestras familias o en nuestras comunidades, sobre todo, “cuando estamos satisfechos con lo necesario, aunque sea con poco, con la ayuda de Dios, logramos salir adelante y llevarnos bien, compartiendo lo que tenemos, renunciando todos a algo y apoyándonos unos a otros”. Y esto, dijo el Pontífice, es ya un anuncio misionero, antes y más que palabras, porque encarna la belleza del mensaje de Jesús en la concreción de la vida. “Una familia o comunidad que vive así, de hecho – afirmó el Papa – crea a su alrededor un ambiente rico en amor, en el que es más fácil abrirse a la fe y a la novedad del Evangelio, y desde el que empezar de nuevo mejor, más serenos”.
Si, por el contrario, precisó el Santo Padre, cada uno va por su lado, si lo que importa son sólo las cosas -que nunca son suficientes-, si no nos escuchamos, si prevalecen el individualismo y la envidia, el aire se vuelve pesado, la vida se vuelve difícil y las reuniones se convierten más en motivo de ansiedad, tristeza y desaliento que de alegría.
Ser discípulos misioneros en comunión y sobriedad
Por ello, antes de invocar la intercesión de la Virgen María, Reina de los Apóstoles, para que nos ayude a ser verdaderos discípulos misioneros, en comunión y sobriedad de vida, el Papa Francisco invitó a que nos plantemos las siguientes preguntas:
“¿Siento el gusto de anunciar el Evangelio, de llevar, donde vivo, la alegría y la luz que brotan del encuentro con el Señor? Para ello, ¿me comprometo a caminar junto a los demás, compartiendo con ellos ideas y habilidades, con la mente abierta y el corazón generoso? Y finalmente: ¿sé cultivar un estilo de vida sobrio y atento a las necesidades de mis hermanos?”.
No podemos conformarnos con una fe marginal o privada
CIUDAD DEL VATICANO. - En su discurso a los participantes en la sesión de clausura de la 50ª Semana Social de los católicos en Italia el Papa Francisco utilizó una imagen que lo resume todo y que los organizadores de este evento eligieron como símbolo de esta cita: el corazón. Y ofreció dos reflexiones: sanar los corazones y poner en práctica la creatividad con la participación política
Tras haber despegado esta mañana a las 6:30 del helipuerto vaticano con destino a Trieste, a donde llegó tras una hora y media de vuelo, el Santo Padre mantuvo su primer encuentro público a las 8:30 en el Centro de Congresos de esta ciudad italiana con los participantes en la sesión de clausura de la 50ª Semana Social de los católicos en Italia.
Una Iglesia sensible a los cambios de la sociedad
En su discurso, el Papa Francisco comenzó agradeciendo a los obispos y autoridades por su invitación y destacó la historia de estas "Semanas", que “está entrelazada – dijo – con la historia de Italia, y esto ya dice mucho: habla de una Iglesia sensible a los cambios de la sociedad y empeñada en contribuir al bien común”.
“A partir de esta experiencia, ustedes han querido explorar un tema de gran actualidad: ‘En el corazón de la democracia. Participar entre la historia y el futuro’”
El Pontífice recordó al beato Giuseppe Toniolo, a quien se debe esta iniciativa que comenzó en 1907, y afirmó que la democracia puede definirse como "aquel orden civil en el que todas las fuerzas sociales, jurídicas y económicas, en la plenitud de su desarrollo jerárquico, cooperan proporcionalmente al bien común, revirtiendo en el resultado final en beneficio predominante de las clases inferiores".
“A la luz de esta definición, es evidente que la democracia no goza de buena salud en el mundo actual. Esto nos interesa y preocupa, porque está en juego el bien del hombre, y nada de lo que es humano puede sernos ajeno”
Francisco puso de manifiesto que “el orden democrático maduró en Italia después de la Segunda Guerra Mundial, gracias también a la contribución determinante de los católicos”. Y añadió:
“Podemos estar orgullosos de esta historia, en la que también influyó la experiencia de las Semanas Sociales; y, sin mitificar el pasado, debemos aprender de él para asumir la responsabilidad de construir algo bueno en nuestro tiempo”
También aludió a la Nota Pastoral con la que el episcopado italiano restableció las Semanas Sociales en 1988, con los objetivos de “dar sentido al compromiso de todos en la transformación de la sociedad; prestar atención a las personas que quedan fuera o al margen de los procesos y mecanismos económicos vencedores; dar espacio a la solidaridad social en todas sus formas; apoyar el retorno de una solícita ética del bien común [...]; dar sentido al desarrollo del país, entendido [...] como mejora global de la calidad de vida, de la convivencia colectiva, de la participación democrática, de la auténtica libertad".
Visión enraizada en la Doctrina Social de la Iglesia
De esta visión, “enraizada en la Doctrina Social de la Iglesia”, el Papa dijo que “abarca algunas dimensiones del compromiso cristiano y una lectura evangélica de los fenómenos sociales que no sólo son válidas para el contexto italiano, sino que representan una exhortación para toda la sociedad humana y el camino de todos los pueblos”.
“De hecho, así como la crisis de la democracia es transversal a las distintas realidades y naciones, del mismo modo la actitud de responsabilidad ante las transformaciones sociales es una llamada dirigida a todos los cristianos, dondequiera que se encuentren viviendo y trabajando, en todas las partes del mundo”
El Pontífice utilizó una imagen que lo resume todo y que los organizadores de este evento eligieron como símbolo de esta cita: el corazón. De ahí que el Papa les propusiera dos reflexiones para alimentar el camino que tienen por delante:
En la primera, podemos imaginar la crisis de la democracia como un corazón herido. Lo que limita la participación está ante nuestros ojos. Si la corrupción y la ilegalidad muestran un corazón "herido", las diversas formas de exclusión social también deben preocuparnos.
“Siempre que se margina a alguien, todo el cuerpo social sufre. La cultura del descarte dibuja una ciudad donde no hay lugar para los pobres, los no nacidos, los frágiles, los enfermos, los niños, las mujeres, los jóvenes”
Añadió asimismo que “Aldo Moro recordaba que un Estado no es verdaderamente democrático si no está al servicio del hombre, si no tiene como fin supremo la dignidad, la libertad y la autonomía de la persona humana, si no es respetuoso con aquellas formaciones sociales en las que la persona humana se desarrolla libremente y en las que integra su personalidad".
“La propia palabra ‘democracia’ no coincide simplemente con el voto del pueblo, sino que exige que se creen las condiciones para que todos puedan expresarse y participar”
La vida humana y la dignidad de la persona
El Papa también les dijo que “la participación no se improvisa: se aprende de niño, de joven, y hay que ‘entrenarla’, incluso en un sentido crítico con respecto a las tentaciones ideológicas y populistas”. Y en esta perspectiva, tal como él mismo tuvo la oportunidad de recordar hace unos años, durante su visita al Parlamento Europeo y al Consejo de Europa, afirmó que “es importante poner de relieve la contribución que el cristianismo puede aportar hoy al desarrollo cultural y social europeo en el contexto de una correcta relación entre religión y sociedad, promoviendo un diálogo fecundo con la comunidad civil y las instituciones políticas para que, iluminándonos mutuamente y liberándonos de la escoria de la ideología, podamos iniciar una reflexión común, especialmente sobre las cuestiones relacionadas con la vida humana y la dignidad de la persona”.
Con este propósito, los principios de solidaridad y subsidiariedad siguen siendo fructíferos. Porque un pueblo se mantiene unido por los lazos que lo constituyen, y los lazos se fortalecen cuando cada uno es valorado. La democracia exige siempre pasar del partidismo a la participación, de la "ovación" al diálogo.
“Mientras nuestro sistema socioeconómico siga produciendo una víctima y haya un descartado, no podrá celebrarse la fiesta de la fraternidad universal”
“Todos – dijo también Francisco – deben sentirse parte de un proyecto comunitario; nadie debe sentirse inútil. Ciertas formas de asistencialismo que no reconocen la dignidad de las personas son hipocresía social. Y la indiferencia es un cáncer para la democracia”.
Que la democracia se parezca a un corazón sanado
La segunda reflexión del Obispo de Roma se centró en el estímulo a la participación para que la democracia se parezca a un corazón sanado. “Y para ello – dijo – hay que ejercitar la creatividad”.
Si miramos a nuestro alrededor, vemos tantos signos de la acción del Espíritu Santo en la vida de las familias y de las comunidades. Incluso en los campos de la economía, la tecnología, la política, la sociedad. “Pensemos – prosiguió diciendo el Papa – en quienes han dado cabida en una empresa a personas con discapacidad; en trabajadores que han renunciado a uno de sus derechos para evitar el despido de otros; en las comunidades de energías renovables que promueven la ecología integral, haciéndose cargo también de las familias en situación de pobreza energética; en los administradores que fomentan la natalidad, el empleo, la escuela, los servicios educativos, la vivienda accesible, la movilidad para todos y la integración de los migrantes”.
“La fraternidad hace florecer las relaciones sociales y, por otra parte, el cuidado de los demás exige el valor de considerarse como un pueblo”
El Papa también dijo que lamentablemente la categoría “pueblo" suele malinterpretarse con lo cual "podría conducir a la eliminación de la propia palabra "democracia" ("gobierno del pueblo"). Sin embargo, para afirmar que la sociedad es algo más que la mera suma de individuos, el término 'pueblo' es necesario".
“Una democracia con el corazón sanado sigue cultivando sueños para el futuro, apuesta por las personas, exige la implicación personal y comunitaria”
No nos dejemos engañar por las soluciones fáciles
No nos dejemos engañar por las soluciones fáciles. Comprometámonos, en cambio, con el bien común. No manipulemos la palabra democracia ni la deformemos con títulos vacíos capaces de justificar cualquier acción. La democracia no es una caja vacía, sino que está ligada a los valores de la persona, la fraternidad y la ecología integral
Como católicos, en este horizonte, no podemos conformarnos con una fe marginal, o privada. Esto significa no tanto exigir ser escuchados, sino, sobre todo, tener la valentía de plantear propuestas de justicia y de paz en el debate público. Tenemos algo que decir, pero no para defender privilegios. Debemos ser una voz que denuncia y propone en una sociedad a menudo sin voz y en la que demasiados no tienen voz.
Esto es el amor político, que no se contenta con tratar los efectos, sino que busca las causas. Es una forma de caridad que permite a la política estar a la altura de sus responsabilidades y alejarse de las polarizaciones, que empobrecen y no ayudan a comprender y afrontar los desafíos. Toda la comunidad cristiana está llamada a esta caridad política, en la distinción de ministerios y carismas.
“Formémonos a este amor, para hacerlo circular en un mundo falto de pasión cívica. Aprendamos más y mejor a caminar juntos como pueblo de Dios, a ser fermento de participación en medio del pueblo del que formamos parte”
“Organizar la esperanza”
En conclusión, la invitación del Papa a los laicos católicos italianos, siguiendo el ejemplo de Giorgio la Pira, fue a alimentar proyectos de buena política capaces de reavivar la esperanza. Francisco indicó un horizonte de trabajo, de cara al próximo Jubileo, invitando a promover iniciativas para la formación política y social de los jóvenes, ofreciendo espacios de confrontación y diálogo, y favoreciendo sinergias para el bien común.
“No dejemos nunca de alimentar la confianza, seguros de que el tiempo es superior al espacio y de que iniciar procesos es más sabio que ocupar el espacio... Éste es el papel de la Iglesia: comprometerse en la esperanza, porque sin ella se administra el presente pero no se construye el futuro”
Ayudemos a quien cae en la esclavitud de la droga
Ciudad del Vaticano. - Con motivo de la Jornada Mundial de la ONU contra el abuso y el tráfico ilícito de drogas que se celebra hoy, el Papa Francisco dedicó la catequesis de la audiencia general de esta mañana a la trágica realidad de la drogadicción.
“Ante la trágica situación de drogadicción de millones de personas en el mundo, ante el escándalo de la producción y el tráfico ilícito de estas drogas, no podemos ser indiferentes”
Con motivo de la Jornada Mundial contra el abuso y el tráfico ilícito de drogas que se celebra hoy, el Santo Padre dedicó su catequesis de la audiencia general celebrada este miércoles 26 de junio en la Plaza de San Pedro, a esta lacra social. El lema de la Jornada establecida por la ONU en 1987 es: “Las pruebas son claras: hay que invertir en la prevención”.
San Pablo a los Corintios
La lectura que introduce la reflexión del Papa está tomada de la Primera Carta a los Corintios:
“Todas las cosas me son provechosas”. Sí, pero no todo es lícito. “¡Todo me es lícito!”. Sí, pero no me dejaré dominar por nada. “¡La comida es para el vientre y el vientre para la comida!”. Pero Dios destruirá esto y aquello. El cuerpo no es para la inmundicia, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Dios, que resucitó al Señor, también nos resucitará a nosotros con su poder".
Toda persona tiene la dignidad de hijo de Dios
Como había afirmado san Juan Pablo II, el consumo de drogas daña a toda comunidad en la que está presente, Francisco recordó que la atención se dirige siempre a toda persona implicada en su uso. Y, citando lo que había dicho a los participantes en el encuentro patrocinado por la Pontificia Academia de las Ciencias el 24 de noviembre de 2016, afirmó:
“Cada toxicómano lleva consigo una historia personal diferente, que debe ser escuchada, comprendida, amada y, en la medida de lo posible, sanada y purificada. Siguen teniendo, más que nunca, una dignidad, como personas hijas de Dios. Todos tienen una dignidad”
Acabar con la producción y el tráfico
A continuación, el Papa citó las severas palabras de Benedicto XVI, quien había instado a los traficantes a reflexionar “sobre el mal que están haciendo a una multitud de jóvenes y adultos”, teniendo en cuenta que Dios les pedirá cuentas. “Son asesinos”, dice Francisco y a continuación habló de lo que hay que hacer para frenar el consumo de drogas:
La reducción de la drogadicción no se consigue liberalizando el consumo – esto es una fantasía – como se ha propuesto, o ya se ha aplicado, en algunos países. Y esto: se liberaliza y se consume más. Después de haber conocido tantas historias trágicas de drogadictos y de sus familias, estoy convencido de que es moralmente justo acabar con la producción y el tráfico de estas sustancias peligrosas. Cuántos traficantes de muerte hay –¡porque los traficantes de droga son traficantes de muerte! – ¡cuántos traficantes de muerte hay, movidos por la lógica del poder y del dinero a cualquier precio!
La prevención como vía prioritaria de contraste
Francisco se refirió a la “lógica del poder y del dinero a cualquier precio” que lleva a los traficantes a sembrar la muerte y señaló la prevención como “vía prioritaria” para combatir el consumo de drogas.
Además, basándose en sus experiencias personales, el Papa añadió:
En mis viajes por distintas diócesis y países, he podido visitar varias comunidades de recuperación inspiradas en el Evangelio. Son un testimonio fuerte y esperanzador del compromiso de sacerdotes, personas consagradas y laicos para poner en práctica la parábola del buen samaritano. También me reconfortan los esfuerzos emprendidos por varias Conferencias Episcopales para promover una legislación y unas políticas justas en materia de tratamiento de los toxicómanos y de prevención para poner fin a esta plaga.
Oración y compromiso contra la droga
A modo de ejemplo, el Pontífice recordó la red de La Pastoral Latinoamericana de Acompañamiento y Prevención de Adicciones (PLAPA), que comparte experiencias y dificultades en la lucha contra la droga, y a los obispos de África austral, que en noviembre del año pasado convocaron un encuentro sobre el “Empoderamiento de los jóvenes como agentes de paz y esperanza”. Nadie puede permanecer indiferente, dijo el Papa, ante “la trágica situación de la drogadicción” y el “escándalo de la producción y el tráfico ilícitos”.
“Nuestro modelo es Jesús”. Repitiendo lo que escribió en su Mensaje a los participantes en el 60º Congreso Internacional de Toxicólogos Forenses el 26 de agosto del 2023, Francisco prosiguió diciendo:
Al estilo de su proximidad, también nosotros estamos llamados a actuar, a detenernos ante situaciones de fragilidad y dolor, a saber escuchar el grito de la soledad y la angustia, a inclinarnos para levantar y devolver a la vida a quienes caen en la esclavitud de la droga.
“Al estilo de su proximidad, también nosotros estamos llamados a actuar, a detenernos ante situaciones de fragilidad y dolor, a saber escuchar el grito de la soledad y la angustia, a inclinarnos para levantar y devolver a la vida a quienes caen en la esclavitud de la droga”
El Santo Padre concluyó invitando también a rezar por “estos criminales que gastan y dan droga a los jóvenes”. Y reiteró: “Son criminales, son asesinos. Recemos por su conversión”.
No se pierdan la "obra" de la caridad cristiana: Papa Francisco
CIUDAD DEL VATICANO. - Francisco recibió al 'Circolo San Pietro', cuya misión es servir a los necesitados y realizar labores de voluntariado, y animó a los miembros a transmitir a los jóvenes su "herencia de valores y experiencia". De cara al Año Santo, insta a los voluntarios a cuidar "el corazón y la carne de los pobres que, como decía san Lorenzo, son el tesoro de la Iglesia". El Pontífice señala en este sentido el testimonio de Pier Giorgio Frassati, "pronto santo".
Pensando en el próximo año, que "será el Año Santo", y con la mirada puesta en Roma, que "está llena de obras", Francisco, en la audiencia en el "Circolo San Pietro" (Círculo de San Pedro), subrayó que "la 'obra' que no puede faltar es la de la caridad".
Los peregrinos y turistas que vienen a Roma deben "respirar" el aire de la caridad cristiana, que no es sólo asistencia, es cuidado de la dignidad, es cercanía, es compartir vivido, sin publicidad, sin focos. Con vuestra presencia, con vuestra cercanía, compasión y ternura, preparáis también la ciudad para el Jubileo, cuidando no las calles o las infraestructuras, sino el corazón y la carne de los pobres, que, como decía san Lorenzo, son el tesoro de la Iglesia".
Gratitud por el servicio
El Papa recibe en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a unos cuatrocientos miembros de la antigua asociación romana que desde hace 155 años se ocupa de los más necesitados con acciones concretas de solidaridad, documentadas en un volumen con todo el magisterio de los Papas al propio Círculo que fue donado al Pontífice. El Papa se alegra de recibirlos porque, dice al inicio de su discurso, la audiencia con ellos es una audiencia "bajo la bandera de la gratitud, que es el bello 'sabor' de la vida", "gratitud por el servicio" prestado "a los pobres de Roma, "en nombre del Papa" y "de la Santa Madre Iglesia".
No "musealizar" la historia
Francisco recomienda no perder "la memoria de las raíces" porque "son fundamentales" y "sin raíces no hay vida, no hay futuro". Pero, al mismo tiempo, el Papa insta a no quedarse anclados en el pasado.
Cuidado con "musealizar" la historia, con "esterilizar" las raíces. La memoria es el órgano del futuro, siempre que las raíces permanezcan vivas y sanas. Por eso os animo a transmitir a los jóvenes vuestro patrimonio de valores y experiencias. Necesitamos a los jóvenes para avanzar.
Los mayores pueden ofrecer impulso a los jóvenes
El deseo de Francisco es que los abuelos del "Circolo San Pietro" transmitan su experiencia a sus nietos, y les invita a reflexionar sobre la "riqueza de fe vivida, de caridad concreta, de amor por los pobres" que puede ofrecer el ejemplo de una persona mayor, y sobre la energía, creatividad e impulso que todo ello "puede dar a un joven".
El testimonio de Frassati "pronto santo"
El Papa recordó también al beato Pier Giorgio Frassati, que "pronto será santo", y que "en Turín iba a las casas de los pobres para llevar ayuda", un joven "de familia acomodada" que "no se perdía en la 'buena vida', porque en él estaba la savia del Espíritu Santo, estaba el amor a Jesús y a los hermanos".
El Señor deposita en nosotros las semillas de su Palabra
Ciudad del Vaticano. - Junto a los peregrinos de la Plaza de San Pedro el Papa Francisco reflexionó sobre la imagen de la siembra y la semilla que propone el Evangelio. Y también expresó su preocupación por los asesinatos "in odium fidei" en la República Democrática del Congo.
El XI domingo del tiempo ordinario el Papa Francisco dirigió la oración del Ángelus desde el Palacio Apostólico acompañado de los peregrinos en la Plaza de San Pedro y, reflexionando sobre el Evangelio del día que “nos habla del Reino de Dios a través de la imagen de la semilla” (Mc 4,26-34), presentó la invitación de Jesús a reflexionar “en particular sobre una actitud importante: la espera confiada”.
“En la siembra”, reflexiona el Papa: “por buena y abundante que sea la simiente que esparce el agricultor y por bien que prepare la tierra, las plantas no brotan inmediatamente: ¡hace falta tiempo y esperanza! Por ello, es necesario que después de sembrar este sepa esperar con confianza”, dijo.
Y hace referencia al trabajo que ya hace la tierra durante la siembra: “pero es invisible, se necesita paciencia y, mientras tanto, es necesario seguir cuidando las tierras labrantías, regarlas y mantenerlas limpias, a pesar de que en la superficie parezca que no sucede nada”.
Las semillas de la Palabra de Dios
“También el Reino de Dios es así”, explica el Papa: “El Señor deposita en nosotros las semillas de su Palabra y de su gracia, semillas buenas y abundantes, y después, sin dejar de acompañarnos, espera con paciencia”.
El Santo Padre recuerda que el Señor cuidad con la confianza de un padre, pero espera el tiempo necesario “para que las semillas se abran, crezcan y se desarrollen hasta dar fruto de buenas obras”.
“Y esto porque quiere que en su campo no se pierda nada, que todo llegue a la plena maduración; quiere que todos nosotros podamos crecer como espigas cargadas de grano”
Confianza en el Evangelio
De esta manera insiste el Papa en su reflexión, el Señor “nos enseña también a nosotros a sembrar con confianza el Evangelio”. Para luego obtener los frutos: “sin desanimarnos y sin dejar de apoyarnos y ayudarnos unos a otros, incluso allí donde, a pesar de los esfuerzos, nos parece que no se ven resultados inmediatos”.
Ante re rezar el Ángelus, el Papa Francisco propone algunas preguntas para la meditación: ¿Yo siembro con confianza la Palabra de Dios en los ambientes en los que vivo? ¿Soy paciente a la hora de esperar, o me desanimo porque no veo inmediatamente los resultados? Y, ¿sé confiar todo serenamente al Señor, al tiempo que doy lo mejor de mí para anunciar el Evangelio?
“Que la Virgen María, que acogió e hizo crecer en su interior la semilla de la Palabra, nos ayude a ser sembradores generosos y confiados del Evangelio”, pidió el Papa.
Masacres en la República Democrática del Congo
Y después de la oración mariana, el Papa expresó su preocupación por las “dolorosas noticias de enfrentamientos y masacres en el este de la República Democrática del Congo”. E hizo un llamamiento “para que hagan todo lo posible para detener la violencia y salvaguardar la vida de los civiles”.
Indicó el Papa “entre las víctimas, muchos son cristianos asesinados in odium fidei. Son mártires. Su sacrificio es una semilla que germina y da fruto, y nos enseña a dar testimonio del Evangelio con valentía y coherencia”.
Y reiteró su llamado a rezar por la paz: “No cesamos de rezar por la paz en Ucrania, en Tierra Santa, en Sudán, en Myanmar y allí donde la gente sufre la guerra”.
Jornada Mundial de los Niños
CIUDAD DEL VATICANO. - El Papa Francisco celebra la primera Jornada Mundial de los Niños, en su encuentro efectuado en el Estadio Olímpico de Roma los exhortó a ser verdaderos “hermanos y hermanas, un mundo que tenga futuro”.
“En ustedes, niños, todo habla de vida, de futuro. Y la Iglesia, que es madre, los acoge, los acompaña con ternura y con esperanza”, expresó el Papa Francisco a aproximadamente 50.000 niños presentes en el encuentro de la Jornada Mundial de los Niños que se efectuó en el Estadio Olímpico de Roma este sábado 25 de mayo.
El encuentro se inauguró con un desfile de más de 100 delegaciones vestidas con trajes tradicionales, seguido de un espectáculo musical. La primera "Jornada Mundial de los Niños" (JMN 2024), organizada por el Dicasterio para la Cultura y la Educación, se efectúa en Roma los días 25 y 26 de mayo de 2024.
A su llegada al Estadio Olímpico de Roma, el Papa Francisco fue recibido por los organizadores de la Jornada que acompañaron a 5 niños representantes de los 5 Continentes para saludarle en su propio idioma.
El Santo Padre pronunció sus palabras de saludo seguidas de las preguntas de algunos de los niños. Después tuvieron lugar algunos testimonios y aportaciones a la reflexión.
“¡Queridos niños y niñas! ¡Ya está! ¡Ya está aquí! La aventura del JMN, Jornada Mundial de los Niños, ha comenzado. Nos hemos reunido aquí, en el Estadio Olímpico, para dar el ‘saque inicial’ a un movimiento de niñas y niños que quieren construir un mundo de paz, donde todos seamos hermanos y hermanas, un mundo que tenga futuro, porque queremos cuidar el medio ambiente que nos rodea”, dijo el Santo Padre en su saludo a los niños.
El Papa recordó que el pasado 6 de noviembre les había recibido en el Vaticano: "Aquel día trajeron una ola de alegría; y me expresaron sus interrogantes sobre el futuro. Aquel encuentro dejó una huella en mi corazón y me di cuenta de que aquella conversación con ustedes tenía que continuar, tenía que extenderse a tantos otros niños y jóvenes. Y por eso estamos hoy aquí: para continuar el diálogo, para plantearnos mutuamente preguntas y respuestas”, dijo.
En un diálogo con los niños presentes el Pontífice, recordó algunas de las tristezas que aquejan a la infancia en la actualidad, preguntándoles: ¿están tristes por las guerras? A la cual los presentes respondieron: “sí”.
“Están tristes porque muchos de sus compañeros no pueden ir a la escuela. Hay niñas y niños que no pueden ir a la escuela. Son realidades que yo también llevo en el corazón, y rezo por ellos. Rezamos por los niños que no pueden ir a la escuela, por los niños que sufren guerras, por los niños que no tienen comida, por los niños que están enfermos y nadie cuida de ellos”
Luego recordando el lema de la Jornada Mundial de los Niños: "He aquí que yo hago nuevas todas las cosas" (Ap 21,5), les dijo: “Dios quiere esto, todo lo que no es nuevo pasa. Dios es novedad. Siempre el Señor nos da novedad”.
Y los exhortó: “Queridos hijos, salgamos y tengamos alegría. La alegría es la salud del alma. Queridos hijos, Jesús ha dicho en el Evangelio que los ama”.
l encuentro de la Jornada Mundial de los Niños se efectuó entre cantos, testimonios, y preguntas que los niños hacían al Papa Francisco, a las cuales respondía, siempre invitándolos a rezar por los niños que sufren:
“¿Cómo es que algunas personas no tienen ni casa ni trabajo? Pregunta un niño de Nicaragua. "Es fruto de la maldad, el egoísmo y la guerra", señala el Pontífice. Tantos países gastan dinero en fabricar armas y hay gente que no tiene qué comer". El Pontífice también los invitó: "Todos los días, recen por los niños que sufren esta injusticia".
Este domingo 26 de mayo el Papa Francisco celebrará la Misa de la Solemnidad de la Santísima Trinidad en la Plaza de San Pedro, y con ella concluirá esta primera Jornada Mundial de los Niños.
Escuchemos la voz del Espíritu que silencia las habladurías: Papa Francisco
CIUDADA DEL VATICANO. - A la hora del Regina Caeli, en la Solemnidad de Pentecostés, Francisco profundiza sobre la lectura del Evangelio del día y habla del Espíritu Santo que nos enseña “todo lo que ha oído”. El Pontífice invita a convertirnos en ecos de la "dulce voz del Consolador", porque decir palabras buenas está al alcance de todos y es más fácil que insultar o enojarse.
¿Qué ha escuchado el Espíritu Santo? ¿De qué nos habla? Es lo que plantea el Papa en su alocución previa a la oración del Regina Caeli, en la Solemnidad de Pentecostés. Francisco centra su reflexión en el Evangelio de la liturgia, donde Jesús habla del Espíritu Santo, y dice que Él nos enseña “todo lo que ha oído”:
Nos habla con palabras que expresan sentimientos maravillosos, como el afecto, la gratitud, la confianza, la misericordia. Palabras que nos permiten conocer una relación bella, luminosa, concreta y duradera como es el Amor eterno de Dios: las palabras que el Padre y el Hijo se dicen. Son precisamente las palabras transformadoras del amor las que el Espíritu Santo repite en nuestro interior, y las que nos hace bien escuchar, porque estas palabras hacen nacer y hacen crecer en nuestro corazón los mismos sentimientos y los mismos propósitos: son palabras fecundas.
Por eso, - señala el Papa - "es importante que nos nutramos cada día de la Palabra de Dios, de la Palabra de Jesús, inspirada por el Espíritu Santo: Y tantas veces digo que hay que leer un pasaje del Evangelio, llevar un Evangelio pequeño, de bolsillo..."
El Papa: Que el Espíritu done gestos de diálogo y abra puertas de paz
Francisco cita las palabras del sacerdote y poeta Clemente Rebora, hablando de su conversión, quien en su diario escribía: "¡Y la Palabra acalló mi palabrerío!" (Curriculum vitae). Y reflexiona:
Escuchar la Palabra de Dios silencia nuestras habladurías superficiales y nos hace decir palabras serias, palabras bellas, palabras alegres.(...) Escuchar la Palabra de Dios hace callar las habladurías. He aquí cómo dar espacio en nosotros a la voz del Espíritu Santo. Y, además, mediante la adoración, no olvidemos la adoración silenciosa... Y también decir dentro de nosotros palabras buenas, decirlas al corazón para poder decirlas a los demás, después (...) Y así se nota que vienen de la voz dulce del Consolador, del Espíritu.
Continuando su alocución, el Santo Padre dice que “leer y meditar el Evangelio, rezar en silencio, decir palabras buenas; no son cosas difíciles, todos podemos hacerlo. Es más fácil que insultar o enojarse...". Por eso, invita a preguntarnos:¿qué lugar tienen estas acciones en mi vida? ¿Cómo puedo cultivarlas, a fin de ponerme a escuchar mejor al Espíritu Santo y ser su eco para los demás?
Y, en la conclusión de su reflexión, dirige su oración a María “presente en Pentecostés con los apóstoles” para que “nos haga dóciles a la voz del Espíritu Santo”.
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La caridad es un amor casi 'imposible' que nos hace amar incluso a los enemigos
CIUDAD DEL VATICANO. - En la audiencia general, Francisco estableció una distinción entre el amor cristiano y todos los demás tipos de amor que se experimentan en la vida: el que nace del Evangelio "bendice a los que maldicen", tan "audaz que parece casi imposible".
"Quedan, pues, estas tres cosas: la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas es la caridad": escribe San Pablo en la Primera Carta a los Corintios. La caridad, tercera virtud teologal, es el tema de la catequesis del Papa Francisco hoy en la audiencia general en la Plaza de San Pedro.
“El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (1 Cor 13,4-7)”
Se habla mucho del amor, pero ¿qué es el amor?
San Pablo se dirige a una comunidad cristiana que vive contrastes y disputas, "hay quienes pretenden -dice- tener siempre razón y no escuchan a los demás, considerándolos inferiores". Incluso durante la celebración de la Eucaristía hay divisiones, continúa el Papa, "y hay quien aprovecha para comer y beber, excluyendo a los que no tienen nada".
Probablemente todos estaban convencidos de que eran buenas personas, y si se les preguntaba por el amor, responderían que el amor era ciertamente un valor muy importante para ellos, al igual que la amistad y la familia. Incluso hoy en día, el amor está en boca de todos; está en boca de tantos "influencers" y en los estribillos de tantas canciones. Hablamos mucho de amor, pero ¿qué es el amor?
El amor de Dios es el que no quita, sino que da
El temor del apóstol es que entre los cristianos de Corinto "no hay rastro" de la virtud de la caridad, la que viene de Dios, y que del amor de Dios saben poco. Porque el de Dios "no es el amor que sube sino el que baja, no el que toma sino el que da". Ágape era el término utilizado para designar el amor cristiano, distinto de todos los demás amores, como el enamoramiento o el amor a la patria o el amor a la humanidad. Es "un amor más grande", dice el Papa, "un amor que viene de Dios y se dirige a Dios", y que al mismo tiempo nos hace capaces de "amar al prójimo como Dios lo ama".
"Este amor, por Cristo, nos empuja donde humanamente no llegaríamos: es amor por los pobres, por lo que no es amable, por los que no nos quieren y no nos agradecen. Es amor por lo que nadie amaría. Incluso por el enemigo. Esto es "teológico", esto viene de Dios, esto es obra del Espíritu Santo en nosotros".
Un amor que incluye al enemigo
En el Sermón de la Montaña, Jesús describe este amor mostrando su diferencia con el amor del que son capaces incluso los pecadores: “Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacen bien solo a los que les hacen bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores hacen lo mismo” (Lc 6,32-33). Por tanto, el cristiano debe amar a todos, sin esperar reciprocidad y sin interés, y su amor debe incluir a sus enemigos. Recordemos estas palabras, subraya el Papa: "Amen, en cambio, a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada".
"El amor cristiano abraza a los que no son amables, ofrece el perdón -¡qué difícil es perdonar: cuánto amor se necesita para perdonar! El amor cristiano bendice a los que maldicen, y estamos acostumbrados, ante un insulto o una maldición, a responder con otro insulto, con otra maldición. Es un amor tan audaz que parece casi imposible, y sin embargo es lo único que quedará de nosotros".
El juicio final será sobre la caridad
"El amor es la 'puerta estrecha' por la que debemos pasar para entrar en el Reino de Dios", afirma además Francisco. En el ocaso de la vida seremos juzgados precisamente por este amor, es decir, por la caridad. En el ocaso de la vida escucharemos de nuevo las palabras de Jesús: "En verdad les digo que cuanto hicieron a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicieron".
Sigamos el camino indicado por Jesús y realicemos obras de amor
CIUDAD DEL VATICANO. - En la solemnidad de la Ascensión del Señor, que la Iglesia de muchos países celebra hoy domingo 12 de mayo, el Pontífice exhorta a seguir a Jesús que nos muestra la belleza de la Patria hacia la que nos encaminamos. "Nosotros, la Iglesia, somos precisamente ese cuerpo que Jesús, ascendido al Cielo, arrastra consigo como en una “cordada”. Al final, el llamamiento del Pontífice para que se haga un intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania. El saludo afectuoso a las madres en su día.
Para subir al Cielo con Cristo debemos avanzar unidos, alejarnos de las mezquindades, estar cerca de los que sufren, y no quedarnos anclados en las cosas pasajeras, el dinero, los placeres, los éxitos, sino practicar las obras de amor. Es la indicación del Papa Francisco en su alocución previa a la oración del Regina Coeli en la Solemnidad de la Ascensión del Señor.
En su catequesis, el Pontífice reflexiona sobre el pasaje del Evangelio de Marcos que narra la Ascensión del Señor y utiliza un paralelismo con el camino en cordada por las montañas.
La Iglesia, cuerpo unido que Jesús lleva consigo hacia la meta
“El regreso de Jesús al Padre se nos presenta no como un alejamiento de nosotros, sino sobre todo como un modo de precedernos hacia la meta”, afirma el Papa y ejemplifica: “Como cuando en la montaña se sube hacia la cima: se camina, con fatiga, y finalmente, en un recodo del sendero, el horizonte se abre y se ve el panorama. Entonces todo el cuerpo vuelve a encontrar la fuerza para afrontar la última subida. Todo el cuerpo – brazos, piernas y todos los músculos – se tensa para llegar a la cumbre. Y nosotros, la Iglesia, somos precisamente ese cuerpo que Jesús, ascendido al Cielo, arrastra consigo como en una ‘cordada’”.
Es Él quien nos desvela y nos comunica, con su Palabra y con la gracia de los Sacramentos, la belleza de la Patria hacia la que nos encaminamos.
Del mismo modo también nosotros, sus miembros, como los escaladores que tienen que estar unidos para llegar a la cima, “subimos con alegría junto a Él, la cabeza, sabiendo que el paso de uno es un paso para todos - precisa el Papa - y que nadie debe perderse ni quedar atrás porque somos un cuerpo solo. Paso a paso, peldaño a peldaño, Jesús nos muestra el camino. ¿Cuáles son esos pasos a dar?”
Realizar obras de amor
El Evangelio hoy dice: “Anunciar el Evangelio, bautizar, expulsar a los demonios, enfrentar a las serpientes, sanar a los enfermos” (cf. Mc 16,16-18); en resumen, llevar a cabo las obras del amor: dar la vida, llevar la esperanza, mantenerse alejado de todo mal y mezquindad, responder al mal con el bien, estar cerca de quien sufre. Y cuanto más hacemos esto, más nos dejamos transformar por su Espíritu, más seguimos su ejemplo y más, como en la montaña, sentimos que el aire en torno a nosotros se vuelve ligero y limpio, el horizonte amplio y la meta cerca, las palabras y los gestos se convierten en buenos, la mente y el corazón se agrandan y respiran.
¿Está vivo en mí el deseo de vida eterna?
El Pontífice invita entonces a preguntarnos: “¿Está vivo en mí el deseo de Dios, de su amor infinito, de su vida que es vida eterna? ¿O estoy aplanado y anclado a las cosas pasajeras, al dinero, al éxito, a los placeres? Y mi deseo del Cielo, ¿me aísla, me cierra o me lleva a amar a los hermanos con ánimo grande y desinteresado, a sentirlos compañeros de camino hacia el Paraíso?”
Al concluir su reflexión, el Santo Padre se encomienda a María, para que ella, que ya llegó a la meta, “nos ayude a caminar juntos con alegría hacia la gloria del Cielo”.