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Bienaventurados somos; es el don que Dios nos concede

Domingo, 01 Febrero 2026 20:29 Escrito por Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

¡QUÉ PALPITEN LOS ÁNIMOS!: Andamos extraviados por el mundo, necesitados de lo paradisíaco, que es donde anida el bien y la bondad. Jesús nos trae a la memoria que somos un don sagrado, atento a no desperdiciar el buen uso de las cosas, respetando y promoviendo la savia siempre. Los bienes que nos acompañan deben ser custodiados y compartidos, de modo que a nadie le falte lo necesario. Nos toca, pues, creer para crecer, soñar para despertar y obrar para hallarnos.

I.- SUBIR A LO ALTO; 
PARA DARSE A DIOS 
Y DONARSE A LOS DEMÁS 

Uno tiene que encontrarse primero, 
para lograr ofrendarse y ofrecerse, 
que es como se florece en el afecto, 
y en el venerable don se desarrolla, 
que es donde reside la dicha alegre.

Vuelva a nosotros la eterna fuerza, 
dejémonos coronar por su mística, 
confiemos en su armónico compás, 
y desprendámonos de lo mundano,
que es lo que nos revive por dentro. 

No hay mejor ascenso que lo níveo, 
para ser más del cielo que terrestre; 
como tampoco hay más serenidad, 
que el desprenderse de sí y donarse, 
pues diseña el semblante de Cristo.

II.- REMONTAR LAS PENAS; 
PARA VOLVER AL POEMA 
Y LEGARSE CON OJOS DE NIÑO

Jesús empieza a remontar el verso,
proclama de este modo una estrofa; 
revelándonos una naciente textura, 
la de ser dócil en vez de insociable, 
resurgiendo una composición viva.

No hay mayor gala que ser manso, 
que no imponer nada y poner amor, 
que versificarse y advertirse hálito,
como renuevos de Dios que somos,
a la espera siempre de su consuelo.

Seamos sus cantautores celestiales, 
avivemos la contemplativa mística, 
recolectada por nuestro Libertador,
que con su cruz nos ofrece la llave,
para ir al edén y volver a la belleza. 

III.- DEJEMOS DE SER MUNDANOS; 
PARA ASCENDER Y ENCENDER EL RADIANTE TINO

Nuestra dimensión nos solicita luz, 
y el núcleo intimo de lo que uno es; 
nos pide sustento y soporte etéreo, 
no el usurero dinero de aquí abajo, 
sino el acompañamiento de pulsos.

Es verdad que todo tiene su pausa,
que es lo que nos hace corregirnos; 
ejercitar el propósito de enmienda,
que es lo que nos injerta fortaleza;
para tomar respiro y rehabilitarnos. 

La divinidad es de los desposeídos, 
de los que saben absolver siempre, 
haciendo de la clemencia su diario, 
porque todo se alienta de renuncias, 
de lo terrenal a lo espiritual del ser.

Víctor CORCOBA HERRERO
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