Domingo, 17 Mayo 2026 21:32

Ante el alcance de la ascensión

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

JESÚS SUBE AL CIELO PARA GUIARNOS: Con su presencia y a través del Espíritu Santo, nos requieren desde las alturas a propiciar auténticos encuentros por aquí abajo; a ser portadores de Buena Noticia, pero sobre todo de esperanza y consuelo, en este tiempo de tantas incertidumbres y desengaños. Vivamos ya como percusiones celestes, las sacudidas terrícolas, con la serenidad que imprime el ser hijos de Dios. Despojémonos de lo frívolo, ¡volvámonos fibras orantes!

I.- LA CONTEMPLATIVA DE REUNIRSE,
 COMO FAMILIA DE DIOS

Congregados y en camino advertimos, 
que la mirada conjunta nos ennoblece;
se vuelve iluminada de nuestros pasos, 
imaginativa de nuestro original andar, 
tan dócil en el mirarse como en verse.

Somos penitentes en penitencia diaria, 
con entidad de cuerpo a reconducirse, 
y con identidad de alma a purificarse; 
talante que nos embellece mar adentro, 
pues lo sistémico es lo que nos alienta. 

No hay mayor vigor que partir al edén, 
que regresar al Padre a través del Hijo; 
pues la Ascensión de nuestro Salvador, 
es el primer paso de nuestra elevación, 
una intensificación de su presentación. 

II.- EL AVANCE DE LA ESCALADA, 
COMO DESEO DE PULSACIÓN 

Poblaciones todas, cultiven la palabra, 
déjense atraer por el decoro del verso; 
que nos aguarda al son de las caricias,
de los mimos vertidos en providencia, 
para elevarnos de las superficialidades. 

Velemos cada día por nuestros pasos, 
perdamos el miedo a no reconocernos, 
y aunque abrirse camino sea doloroso; 
la fe aleja el sufrimiento, lo atraviesa, 
hasta convertir la amargura en alegría.

La Pascua nos muestra que Dios vive, 
que está a nuestro lado en cada aurora, 
para llenarnos de luz nuestras noches, 
siguiendo el camino que Él nos forjó,
pues el cielo se cautiva ya en la tierra. 

III.- EL PLAN CELESTIAL, 
COMO GRANDEZA DE ESPERANZA 

Con la humanidad gloriada por Cristo, 
que toma los plenos influjos del Padre; 
con un poder donante que universaliza,
pues su aliento es ofrecer vida y amor, 
y sistematizar la verdad con la bondad. 

El cimiento de nuestra ilusión es vivir, 
sentirnos cercanos entre sí y plácidos,
llamados a proteger la llama del amor, 
que es lo que labra un mundo fraterno; 
pues, una vez laborado, brota el orden. 

Es el soplo de Jesús el que nos serena, 
su propio empuje nos guía y custodia,
más allá de las barreras de la situación 
y del tiempo, para que seamos relevos 
y testigos, de un momento culminante. 

Víctor CORCOBA HERRERO
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Más en esta categoría: « Ajolotilán Trituradora »