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Sábado, 11 Julio 2026 18:32

La fibra del germen original

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

EL PULSO DE LA SEMILLA: El sembrador, que es Dios, esparce por todos los rincones su llamada, sin excluir a nadie. Jesús nos invita a sentir, situando el oído en la escucha, pues el valor de un sentimiento se mide por la cantidad de sacrificio que uno ofrece, para despojarse de egoísmos y tomar el cielo. A menudo, estamos distraídos, por demasiados reclamos frívolos. Necesitamos despertar, al menos para poder tomar el Evangelio, la única señal que nos hace libres y nos acerca a su Reino. 

I.- LA TIERRA PEDREGOSA;
 TODO LO AHOGA Y ADEMÁS NOS ACOSA

Las sendas vivenciales son grados, 
su itinerario es un camino variado, 
con sus subidas y también bajadas; 
lo meritorio es hacerse y rehacerse, 
tomar cuerpo y echar cepas santas.

La espiritualidad requiere cultivo, 
pulimentar el cubrimiento viviente,
allanar lo mundano con lo celeste, 
para que retorne a nuestro corazón, 
la etérea luminaria eterna del amor.

El pasión angelical todo lo restaura, 
lo restituye porque la fe nos revive, 
hasta restablecernos con esperanza; 
sólo hemos de persistir en el verbo, 
y resistir toda tribulación desértica. 

II.- LA TIERRA ESPINOSA; 
TODO LO AMORDAZA Y ADEMÁS NOS AMENAZA

Nuestro cuerpo es polvo que anida, 
porque el alma habita en el cuerpo, 
a la espera de no caer en el sollozo, 
por dejar de pulirnos internamente, 
y retener el engaño en los andares.

El horizonte de la vida y la verdad,
mora sin demora en el miramiento, 
que habita en la sementera bendita,
en la armoniosa voz de la acogida, 
sólo hay que manifestarla y vivirla. 

La Palabra de Dios nos enternece
y eterniza, nos ilumina y nos vive, 
nos quita todas las púas mundanas, 
que nos impiden florecer a diario, 
con el impasible pedrusco terrenal.

III.- LA TIERRA CARITATIVA;
TODO LO ESCLARECE Y ADEMÁS NOS REVERDECE

La simiente que cae en organismo 
benéfico, todo lo embellece de luz, 
porque se enraíza de brebaje serio, 
y arraiga voces donantes en el ser, 
que se vuelven percusión y néctar.

Propagar quietud en la existencia, 
sin apagar nuestro activo esfuerzo, 
nos agranda por dentro y por fuera; 
nos hace de Dios, el tañer perfecto;  
y nos deshace de mundo, al Edén.

Lo pulcro es dotarse de hermosura, 
cuestión que requiere dejar de lado, 
las mil persuasiones de aquí abajo,  
ascender al poema sin pena alguna; 
y, descender a lo manso, satisfecho. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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