Sábado, 18 Julio 2026 18:39

El reino de los cielos; es el señorío de DIOS

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EL DESAFÍO DE DAR OÍDOS Y DE ABRIGAR LO GLORIOSO: Venga a nosotros el resplandor del Padre, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, pues fuera de ti no hay otro Dios que aliente y alimente tanto, impidiendo que la maldad eche raíces. Donde no está Él, nada puede ser caritativo. Su disposición se debe asumir como el criterio-guía de nuestra existencia. Cultivado así, el terreno de la vida, florecerá el amor y decaerá el desamor.

I.- EL VERSO DIVINO; 
FRENTE A LO PERVERSO

El verbo debe versar y rehacerse; 
con la entereza todo se rehabilita, 
por grandes que sean los deslices,
pues nada permanece en el dolor, 
y todo requiere instante curativo.

El Señor no aniquila la discordia, 
deja tiempo al tiempo balsámico; 
tiene aguante con todos nosotros, 
no enjuicia a nadie por una caída, 
ni nos rehúsa cuando le fallamos. 

Lo capital es volver a revolverse 
contra el vicio, irse de este vacío, 
llenarse de bondad y ser de Jesús, 
que es el que nos libera las penas
y nos purga, llevándonos consigo.

II.- TRIGO Y CIZAÑA;
 MORAN EN NUESTRO LATIR 

Es fácil ver el encono en los otros, 
pero la realidad es que nos habita, 
crece dentro de nosotros también, 
y en todos los ciclos coexistimos,
con deseos decentes e indecentes. 

La santidad no consiste en vencer, 
sino en unirse a Cristo de espíritu, 
en vivir sus misterios sin alejarse,
y en remover la corriente ascética, 
para que se ahoguen los conflictos.

El Señor nos incentiva a deliberar, 
a ser justos nazarenos en itinerario, 
con el buen deseo de la vigilancia,
pues Dios gratificará a los buenos, 
y sólo Él condenará a los malditos. 

III.- ANIDAR EN UN ORBE;
 QUE NI CREE NI ES CREIDO 

El terreno es el mundo mundano,
donde se percibe el bien y el mal,
pues cohabitan y habitan a diario, 
por eso Jesús vino a restaurarnos, 
yendo a la busca de los afligidos. 

El Redentor nos redime cada día, 
nos induce a no ser jueces firmes, 
a ser indulgentes y a perdonarnos,  
unos a otros como retoños santos, 
viviendo y conviviendo en amor. 

Nuestra misión no es destructiva, 
sino testimonial, tierna y piadosa,
como esencia misma concurrente, 
de alumbrar como faro de verdad, 
en medio de la malévola falsedad.

Víctor CORCOBA HERRERO
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