Domingo, 19 Julio 2026 20:55

País sin ley

Francisco Franco advirtió al entonces príncipe Juan Carlos, tras unas declaraciones desafortunadas en Estados Unidos:

—No olvide que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras.

El peor momento del obradorismo ha vuelto: el no me vengan con que la ley es la ley.

La presidenta increpa a un colaborador en Tulum que cumple con las leyes al privilegiar la recuperación ambiental por encima de la infraestructura turística, lo que suscitó el reclamo de operadores turísticos.

La mandataria fue enfática:

—Cuando la norma se pone por encima de la gente y del sentido común, entonces mal. Entonces no cumplas la norma.

No es un desliz. No es una frase. Es la radiografía de una forma autoritaria de gobernar.

El autoritario hace prevalecer su voluntad sin límites. La autoridad que no conoce freno. El impulso que avasalla en nombre de la interpretación del deseo popular o el sentido común que, sabemos, es el menos común de los sentidos.

Subrayo la congruencia del morenato: López Obrador anuló la reforma educativa inscrita en la Constitución, neurálgica para el futuro nacional, mediante un decreto. Canceló el aeropuerto mediante una consulta chafa que validó lo que él ya había decidido. Cuando la Suprema Corte de Justicia invalidó su reforma eléctrica, fue cuando escupió su desprecio por las instituciones y el Estado de Derecho: “No me vengan con que la ley es la ley”.

Luego vendrían la destrucción del Poder Judicial y el golpe contra la democracia que es la sobrerrepresentación.
La presidenta corrobora esa pulsión autoritaria.

Pero lo hace en un mal momento. Porque hay otro hombre, en el norte, que cree lo mismo y que está dispuesto a aplicar esa norma contra México.

Si la ley no vale aquí, nos quedamos sin protección alguna frente a una cada vez más probable embestida del vecino.

¿Qué la sustracción de El Mayo fue ilegal? ¿Y? No me vengan con que la ley es la ley, podría decir Washington.

¿Qué no se puede repetir lo de Maduro porque violó el derecho internacional? ¿Y? Privilegié el voto mayoritario de la gente, que fue ignorado, para secuestrar a un dictador, sátrapa y corrupto. Se vale. ¿O no?

Si vas a seguir protegiendo a criminales políticos que envenenan a mi gente, han asesinado a más de un cuarto de millón de los tuyos, aplico el sentido común. No puede ser ilegal, porque por encima de la ley está lo que a mí me parece correcto. 

Ya es suficientemente trágico avasallar aquí al imperio de la ley.

Pero ahora, por torpeza, se legitima la intervención de quien es más poderoso.

La presidenta le dio el argumento perfecto a Estados Unidos para intervenir cuando le plazca.

Sigue siendo cierto: uno es esclavo de sus palabras. Sobre todo cuando no se piensa antes de pronunciarlas.

X | @fvazquezrig