Lunes, 01 Diciembre 2025 19:51

Hallarse con el corazón despierto

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

LEVANTAR LA MIRADA Y CONTEMPLAR: Somos el pulso vivo en busca de la esperanza, un pueblo en camino poblado de sueños y repoblado de versos que nos ascienden; únicamente hace falta sacudir el letargo, aguzar los sentidos y sentirse más celeste que mundano. Estemos vigilantes, como poetas en guardia, esperando que el Señor se aproxime a nosotros. Ahí tenemos a María, en la espera y sin desesperarse, percibiendo el paso de Dios en la vida humilde y acogiéndolo en su seno. 

I.- DIOS VIENE 
A NUESTRO ENCUENTRO

Dios está, comparece a diario, 
la llama de su verbo nos vive, 
no cesa de irradiarnos la vida,
como dotación de paz y bien, 
y donación de amor perpetuo. 

Quiere venir a vivir en medio
de nosotros, a donarnos la luz, 
alimento y aliento restaurador, 
que nos libera de toda maldad, 
para que la clemencia se abra.
 
Necesitamos de la compasión
divina, para divinizarnos y ser
más del cielo que de la tierra, 
sólo hay que envolver la cruz, 
para sentir y asentir a su señal. 

II.- SALGAMOS 
AL ENCUENTRO DE DIOS 

Señor, te estoy llamando, ven
de prisa, escucha mi mensaje, 
no me descuides en el mundo, 
protégeme de toda hipocresía, 
y llévame a la puerta del edén.

Con la sed del cuerpo místico,
el espíritu orante se desarrolla,  
propaga su deseo de quererse, 
para poder seducir sin alcance, 
amando como Jesús nos ama. 

Enaltezco a Cristo encarnado,
al crucificado y al resucitado; 
a Él encomiendo mi ceguera, 
en unión con la Virgen María, 
nuestra Señora del Adviento. 

III.- Y BROTEMOS 
CON BEATITUD EN ALABANZA

Asentemos nuestro horizonte, 
en la mirada a nuestra Señora; 
coloquemos nuestra turbación, 
en su obediencia y veracidad, 
para que nos regenere el alma. 

En alianza espiritual con Ella, 
como firme Abogada nuestra, 
podremos salir de esta prisión, 
acogernos y recoger su amor, 
para fusionarnos en cercanía.

La Madre de todos es modelo, 
y sostén de este íntimo gozo; 
de la alegría de hacerse Niño, 
nuestro Salvador, para júbilo
y glorificación, de sus gracias. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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