Pierden el tiempo en “infiernitos”

Martes, 07 Marzo 2017 19:40 Escrito por Gabriel Sánchez Andraca

Columna | P u l s o   P o l i t i c o

    En conferencia de prensa la tarde noche del lunes, Fernando Morales Martínez, el primer priista poblano expulsado oficialmente de su partido, aclaró que él mismo solicitó su baja como militante del PRI, el 15 de enero del 2016, por lo que la decisión tomada por la Comisión de Justicia Partidaria del comité nacional, no es procedente.

    De inmediato respondió el comité estatal del partido tricolor, diciendo que no había cumplido con el requisito de ratificar esa renuncia y que por lo tanto, no era válida.

    Lo cierto es que este asunto, ha puesto de manifiesto el desorden, la falta de comunicación interna, que prevalece en el partido supuestamente mejor organizado, mejor estructurado.

     La renuncia la presentó Morales Martínez ante el comité nacional que selló el documento de recibido, ¿para qué carambas se necesita una ratificación? Eso es burocratismo puro que solo sirve para enredar las cosas.

     El asunto está claro: un militante del PRI, porque ya no lo convence su partido, porque le caen gordos los que lo dirigen, porque se le da la gana o porque le conviene, decide ya no pertenecer a él y renuncia. Pues ahí acabó todo.

     Según tenemos entendido, ni Cuauhtémoc Cárdenas, ni Andrés Manuel López Obrador, ni Porfirio Muñoz Ledo, ni Rafael Moreno Valle, ni Víctor Hugo Islas y muchos más que han sido figuras nacionales o locales y que se han salido del PRI, ni han renunciado ni los han expulsado.

     Simplemente se van a su casa o a otra organización política donde se sienten más cómodos.  Lo demás son rollos, son ganas de enredar las cosas, es burocratismo.

     Pertenecer a un partido político y pasarse a otro, no es ningún delito y la prueba es que miles de priistas lo han hecho y lo siguen haciendo y miles de perredistas, también.

     Como no es delito, ni podría serlo, cambiar de religión.

      Y a propósito de religión, el caso de Fernando Morales, nos hace recordar algo que contó a este columnista un gran amigo, don Angel Baquero, propietario del restaurant Puebla, donde en nuestra época de estudiante estuvimos abonados varios jóvenes de los años sesenta.

      La historia había ocurrido a fines de los años cuarenta o a principios de los cincuenta. Un abogado poblano famoso en esa época, fue ex comulgado por algún problema que se hizo público y la ex comunión la realizó el arzobispo hermano de quien lo sucedió años después, don Octaviano Márquez y Toríz.

     La ceremonia de la excomunión se llevó a cabo en la catedral, como se acostumbraba en la Edad Media, con toda la solemnidad y la pompa de esa época.

      Fue un escándalo lógicamente.

     Al día siguiente de publicarse la nota en los periódicos de la época, ya había aparecido El Sol de Puebla, el abogado excomulgado respondió con un breve mensaje publicado a toda plana en éste diario.

      “Con gran sorpresa de mi parte, me he enterado de que he sido expulsado de una Iglesia a la que yo, por propia voluntad, he dejado de pertenecer desde hace ya mucho tiempo”. Atentamente….

      Si la Comisión de Justicia Partidaria del PRI, tuviera que juzgar con fines de expulsión a todos los priistas que coquetean desde que llegó el neoliberalismo al poder, con otros partidos, con otras organizaciones, requeriría un presupuesto enorme y el PRI desatendería otras actividades que debe realizar y que son de importancia para subsistir como organización política. A la mejor pediría unas instalaciones como las que se iba a construir el Instituto Nacional Electoral, INE, con costo de más de mil millones de pesos, porque la democracia mexicana y a la mexicana es cara e ineficiente, como son los partidos.

     Lo mejor es que en este caso se aplique el sentido común, que no es muy común; que quienes se quieran ir de un partido a otro se vayan y los que quieran seguir, se queden.

     Guillermo Deloya Cobián, un joven poblano que acaba de ser designado coordinador general del Instituto Nacional para el Federalismo y Desarrollo Municipal, pidió que el comité estatal del PRI, haga un gran pacto entre los bloques del partido Revolucionario Institucional, que en el PRD se llaman “tribus” para evitar la fuga de militantes y la disputa interna por aparecer en la boleta de votación en las elecciones próximas.

      El ratifica su militancia priista y dice que en ningún momento ha pensado abandonar al PRI.

      Por otra parte, el regidor del ayuntamiento de Puebla, Iván Castilleros, se une al coro que grita “expulsión, expulsión” y pide que se expulse del partido tricolor, al dirigente del comité municipal de Puebla, diputado local José Chedraui, por una serie de acusaciones que en época de procesos electorales, se lanzan los políticos dentro y fuera de sus partidos.

    Ojalá y las expulsiones no se pongan de moda entre los partidos políticos. Si así están como están, imagínese lo que ocurriría si se soltara una guerra de expulsiones para eliminar a contrincantes internos.

     Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y como ocurre cada año, se conocerán datos sobre el número de mujeres en nuestro país y en el mundo, su situación social, su situación laboral, su ingreso a las actividades políticas, etc.

      Lo malo es que parece que eso es a lo más que se llega. El resto del año las senadoras poblanas doña Lucero y doña Blanca, se la pasarán hablando en conferencias y en discursos, sobre la necesidad de tomar en cuenta a las mujeres para ocupar puestos de responsabilidad política, para que no se les discrimine en el trabajo pagándoles menos que a los varones por un trabajo igual o superior y que se castigue con todo rigor a los que las maltratan, las acosan o las discriminan en cualquier parte.

       Creemos que en este renglón vamos muy lento. Es necesario ser más prácticos e iniciar una campaña de reeducación, entre hombres y mujeres, para acabar con el machismo, utilizando los medios más modernos de comunicación: radio, televisión, prensa escrita, redes sociales, etc. La educación es básica para lograr cambios culturales que deben empezar en las escuelas normales, donde se educan los maestros que tendrán a su cargo la educación de las nuevas generaciones.

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