Me alojo en el señor; para seguir su senda

Domingo, 18 Enero 2026 20:50 Escrito por Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

UN CORAZÓN SIEMPRE ABIERTO: Dios nos nombra, sólo hay que mirar y ver con un oído atento, su luminoso camino de plenitud, para seguirle y dejarnos moldear por tan inmaculado amor. Todo se revierte en concordia: la obediencia se convierte en alegría, el regocijo del gozo se vierte en quietud y la placidez tampoco se pervierte, nos regenera. Bajo este espíritu renovado, además caminamos sin huir del mundo, dejando que la luz de Cristo se refleje en nuestro andar cotidiano.

I.- LLAMADOS A CAMINAR PRÓXIMOS;
A NUESTRO PRÓJIMO 

Pongamos oído en cada amanecer, 
dejemos que el latido nos levante, 
que el espíritu nos guíe cada paso;
hagamos comunión de horizontes, 
formemos y conformemos unidad. 

Escuchándonos entre sí, existimos; 
porque hallamos el calor de hogar,
que es el que nos incrusta el amor, 
y nos hace redescubrir los andares, 
que han de reunirse para revivirse. 

Aquí estoy, Señor, para alcanzarte. 
Robustéceme de silabarios pulcros, 
rejuvenéceme de aires disponibles, 
para poder compartir experiencias: 
partiendo panes, repartiendo savia. 

II.- LLAMADOS A CORONAR ALTURAS;
CON LA HERMOSURA NUESTRA

A pesar de los pesares Nazarenos, 
pues somos penitentes en camino, 
por Cristo hemos sido indultados, 
liberados de todo abuso maléfico, 
que nos encadena y nos esclaviza. 

Asociado a este perverso tumulto,
de muerte y pérdida en el diluvio, 
aparece como anunciadora de luz, 
la paloma viviente que nos aviva, 
a vivir una vida nueva en plenitud. 

Bautizarse en el espíritu angelical, 
es renacerse y hacerse más poesía, 
montarse de pasión para remontar,
las crueles calzadas de aquí abajo,
y poder coronar Alturas gloriosas. 

III.- LLAMADOS A UNIR PULSOS; 
CON LAS PAUSAS DEL ANÁLOGO 

Agrupados vamos dejando huella, 
recorremos sitios que nos atrapan, 
y nos movemos reabriendo zonas; 
son áreas que nos desenmascaran,
territorios que nos quitan el habla. 

El asombro está en donar lo bueno,
en concebirse libres como la brisa, 
en testimoniar la alianza caritativa; 
donde la Divinidad se hace testigo,
y, su comprensivo Reino, palpable. 

Demos calma a quien está afligido,
realcemos la plegaría al Redentor, 
glorifiquemos su proeza de pasión, 
loemos que camine a nuestro lado, 
porque somos hijos, hijos de Dios. 

Víctor CORCOBA HERRERO
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