Imprimir esta página

Caminemos como hijos del sol

Lunes, 26 Enero 2026 06:13 Escrito por Víctor CORCOBA HERRERO / Escritor

Artículo | Compartiendo diálogos conmigo mismo

QUE NUESTRA VOZ, SEÑOR, SE HAGA ECO DE LA TUYA: El pueblo que, habitaba en tinieblas, divisó una gran luminaria. Se dejó sorprender por la Buena Noticia; y, asombrado e interrogándose cada cual consigo mismo, se entregó en gestos concretos de amor. La ofrenda fue locución de aliento, expresión de caridad o actitud de servicio; un modo de advertir, que Dios está cerca. De hecho, anunciar el Evangelio, es liberarse oceánicamente, ayudando a los demás a ser libres. 

I.- ACERCARSE AL REINO CELESTIAL; 
QUE HA BAJADO A LA TIERRA 

Con Jesús, lo mundano deja de ser; 
el momento está llegando a su fin, 
su Reino ha descendido a la tierra,
nos vive y mora en todos nosotros, 
hermanado a la condición humana.

No hay humanidad sin hermosura, 
como no hay divinidad sin Cristo; 
el tiempo del alejamiento terminó, 
cuando el Señor vino a acogernos, 
para salvaguardarnos y eximirnos.

El santo verbo nos siembra beldad, 
nos cubre con la luz de su Palabra,
nos orienta y reorienta al florecer, 
recogiéndonos como brotes suyos, 
y acogiéndonos en cada situación.

II.- RECONCILIARSE ENTRE SÍ; 
PUES, POR EL HIJO, SUBIMOS AL PADRE 

El hombre, como el árbol, se anida
de sueños y se enraíza mar adentro,
en su propia inmensidad de versos, 
para tornarse un latir de conciertos, 
y en los desconciertos armonizarse.

Volver a Dios es nuestro cometido, 
revolverse a lo terrenal es lo cabal
y preciso, para abrazar las Alturas,
con las que creamos tonos diversos, 
como renuevos de timbres devotos. 

Ha comenzado el tiempo de vivir, 
de desvivirse por quererse y amar, 
de hacer hogar para hallar sosiego, 
y de rehacerse como estirpe unida, 
casados a una familia providencial. 

III.- APOYARSE EN EL FULGOR ETÉREO; 
PARA SER ESTRELLAS EN PERPETUIDAD 

El apoyo del Crucificado es diario, 
nos eleva y nos alaba de esperanza, 
nos llena de gozo y alegría el alma, 
nos agranda por dentro y por fuera, 
hasta embellecernos de resplandor.

Somos tripulantes de azules claros, 
vamos camino del místico paraíso,
nuestras idas y venidas son de paz, 
tan sólo hay que dejarse examinar,
por quien es verdad y eterna savia. 

La fuerza Omnipotente nos abriga,
uno a uno hemos de clamar su don. 
Escuchemos su timbrazo cada día, 
vivamos la dicha de ser absueltos, 
de sentirnos amados para siempre.

Víctor CORCOBA HERRERO
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Valora este artículo

Consola de depuración de Joomla!