Lunes, 09 Marzo 2026 13:10

La vida es un encuentro de corazones

Artículo | Compartiendo diálogos conmigo mismo

SED DE COMPAÑÍA: Necesitamos darnos y sentirnos, hallarnos y reencontrarnos mar adentro, pues estamos sedientos de celestes horizontes y de sus auténticos pulsos. Satisfecha la penitente ansia, tanto de bondad como de verdad, compartiremos la satisfacción. Nuestro Redentor no se desespera y nos espera, en este tiempo de hondo arrepentimiento cuaresmal. Guardemos silencio y aguardemos su voz con la escucha; pues el que atiende a la llamada, al final todo lo entiende. 

I.- HOY ES EL MAÑANA;
POR EL QUE AYER TE AGITABAS

La vida es un ir y un volver a ser, 
un inmenso mar de tribulaciones,
un charco de mil preocupaciones, 
o una cíclica balsa de turbaciones, 
que brotan de las faltas humanas. 

Lo valioso es no rumiar lágrimas,
masticar los sollozos con alegría, 
y digerir los hechos con entereza; 
porque asistir no es sólo coexistir, 
es también recogerse y organizar.
 
Sin soplo armónico todo agoniza; 
y esto se carga, realzando la cruz; 
que es la que nos une y nos reúne, 
como Hijos de Dios que obramos, 
con el deseo de amar y querernos. 

II.- NO HAY MEJOR AGITACIÓN; 
QUE EL DESEO DE CAMBIAR 

Precisamos del sustento de Jesús, 
para reencontrarnos y animarnos, 
para borrar el peso de los pesares, 
y entrar en la mística del regocijo,
con el sano motivo de la revisión.

Todos nos inquietamos sedientos,  
pues la senda del mundo es cruel.
Nos falta paz y nos sobran males, 
codiciamos tomar y nada ofrecer, 
queremos renacer y no ayudamos.
 
El botijo de la felicidad está seco, 
nadie conoce ni reconoce a nadie,
hasta uno mismo se vacía el alma, 
y se envicia el cuerpo de placeres, 
que nos arruinan y nos demuelen. 

III.- PUES SÓLO LOS CONVENCIDOS; 
SON LOS QUE PUEDEN CONVENCER

Nuestros semejantes nos influyen, 
sus vocabularios nos impresionan,  
y los tratados nos meten en razón, 
pero sólo los hechos nos cautivan,
cuando están saciados de ternura. 

Únicamente los llenos de caridad, 
pueden llenar a otros en la pasión, 
como efusión de su espíritu claro,
que es como se mueven montañas, 
y se remueven conciencias justas. 

Ya que el deber de la vida es vivir, 
ser uno mismo en aliento donante,
como si cada alba fuese el último; 
una señal pura de una fe auténtica, 
que nos trasciende y enciende luz.

Víctor CORCOBA HERRERO
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