Domingo, 11 Octubre 2026 13:32

Papa León XIV: parábola del banquete de bodas

•    Anima a compartir la alegría del Evangelio incluso ante el rechazo de los demás.

Ciudad del Vaticano. - Este domingo, durante el Ángelus, el Pontífice ha comentado la parábola del banquete de bodas y ha animado a los fieles a no desanimarse cuando el bien que ofrecen no es comprendido o es malinterpretado.

La Plaza de San Pedro se ha llenado de fieles otro domingo más para escuchar a su Santidad. Este domingo, XXVIII del Tiempo Ordinario, León XIV ha centrado su reflexión previa al Ángelus en la parábola del banquete de bodas, narrada en el Evangelio de Mateo, en la que un rey invita a numerosas personas a la boda de su hijo, pero muchos rechazan la invitación: “Los invitados, en lugar de unirse a la fiesta, se echan atrás y prefieren seguir ocupándose de sus asuntos. Algunos, incluso, molestos, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey” explica el Papa.

León XIV ha recordado que esta actitud, por desgracia, también se produce hoy en día, en nuestra vida cotidiana: “También esto, lamentablemente, sucede: no siempre el bien que ofrecemos es comprendido, reconocido, apreciado; es más, a veces es malinterpretado y rechazado”. Ante esta realidad, el Pontífice invita a no desanimarse y actuar como el rey, que no suspendió la celebración por el rechazo, sino que amplió la convocatoria y envió a sus servidores a llamar a más personas por las calles, para que la alegría de los esposos pudiera convertirse en un don para todos.

La fiesta de bodas es la nuestra

El Pontífice ha explicado que “la fiesta de bodas es la nuestra” y la sala del banquete son nuestras iglesias, nuestras casas, los lugares en los que vivimos y en los que cada día el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve a declararnos su amor y espera nuestro «sí»: “Allí nosotros lo encontramos, vestidos, como la esposa, con el vestido blanco del Bautismo y adornados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y entre nosotros”.

Anunciemos el Evangelio con valentía y fe

Por último, el Papa subraya que la alegría cristiana “no es artificial”, sino profunda y real: “hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, los apretones de manos, los gestos de bondad de nuestros días. Y es un don de Dios, para la salvación del mundo”, y pide a María, Madre del Señor, “que nos ayude a crecer en esta alegría y a anunciarla siempre y en todas partes, también allí donde no es comprendida, con generosidad, con valentía y con fe”.

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