Lunes, 25 Agosto 2025 08:24

Tras la puerta estrecha; el horizonte hacia la vida

Artículo | Compartiendo Diálogos Conmigo Mismo

EL VIRTUOSO COMBATE DE LA LEALTAD: Todo requiere compromiso; aún más, esfuerzo. La dejadez es el atajo a la ociosidad, génesis de los vicios y germen de los vacíos, que debemos abandonar con voluntad firme y perseverante para vivir según la prueba revelada. El claustro del corazón divino, no se desespera y nos espera, con una llamada exigente, pero abierta a todos nosotros. Responder es reencontrarse, rehacerse y renacerse, a la evidencia invisible. 

I.- PROCURAR ENTRAR; 
POR EL ÍNFIMO HUECO 

La cruz es un pórtico celestial, 
cuyos ínfimos huecos se abren, 
para abrazarnos y sublimarnos, 
para crecernos y glorificarnos,
como hijos de Dios que somos.

Acogidos y recogidos en Jesús; 
para establecerse en su palabra,
hay que vivirla a corazón vivo, 
y desvivirse por vivir a sus pies, 
que son bondad, verdad y vida. 

Hacer revisión de movimientos, 
con el ahínco de la conversión, 
y la fuerza de la fe como soplo, 
es unirse a su trayecto revelado; 
¡es rebelarse contra uno mismo!
 
II.- TRABAJAR POR VIVIR; 
SIRVIENDO A LOS DEMÁS

Ser de Cristo significa seguirle,
engancharse al amor y al amar, 
comprometerse con el servicio, 
yendo como centinela en vela, 
vigilando itinerarios y andares. 

Porque el Redentor nos anima,
ilumina nuestros pasos de paz, 
con un entrante de avenencia, 
reconciliando pulsos y pausas, 
aviniendo el auxilio a la cesión. 

Somos gente en labor perenne, 
necesitados de apego donante, 
ansiosos de percusiones ágiles, 
que nos reviertan en caridades;
¡volcándonos en humanidades!

III.- LA UNIVERSALIDAD; 
COMO INVITACIÓN A LA MESA

El cielo está accesible a todos, 
no encierra distinción alguna, 
únicamente hay que requerirlo, 
asistir a su mesa conciliadora, 
abrazarnos entre sí con afecto. 

El vínculo del aprecio no tiene 
precio, incluso cuando supone
tormentos, que nos atormentan, 
pues tras el ahogo viene la luz, 
y con el albor el alma se place. 

Un espíritu movido en el caos, 
lleva en su tropiezo el castigo; 
el dolor se repara con el llanto, 
y deja de sollozar con la purga; 
¡volviéndose universo de gozo! 

Víctor CORCOBA HERRERO
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