El mayor riesgo para la República es un quiebre de la gobernabilidad.
La fragilidad institucional, la incompetencia política y la vasta red de complicidades, pactos y acuerdos oscuros se extienden como una metástasis de conflictos por todo el país.
Un síntoma, sólo eso, son las continuas dificultades que enfrenta la presidenta de la República cada fin de semana en sus giras. La semana antepasada tuvo que cancelar su visita a Zacatecas. El viernes pasado enfrentó a pobladores de San Quintín, Baja California, que demandaban atención en salud.
Pero si se afina la mirada y se enfoca en los conflictos estatales, se percibe una inestabilidad grave. Desplazados en Guerrero y Michoacán por el crimen organizado. Desgobierno absoluto en Sinaloa. El hijo del gobernador de Tamaulipas acusado de extorsión. Una decena de gobernadores señalados, o a punto de ser indiciados, por vínculos con el crimen organizado en investigaciones de Estados Unidos. Más de la mitad de los presidentes municipales de Morelos investigados por el Gobierno Federal por diversos delitos. La infraestructura de la Ciudad de México devastada. Periodistas asediados en Veracruz y San Luis Potosí.
A lo ancho, la lucha incansable de las madres buscadoras, las denuncias legítimas de los transportistas y la desesperación general por un sistema de salud devastado.
En lo profundo de los sentimientos de la nación, las heridas sociales provocadas por la corrupción, la violencia y la impunidad.
La solución para que la CNTE de Oaxaca regresara a su estado fue regalarle 800 millones de pesos. Se confunde la gobernabilidad con billetazos.
De acuerdo con encuestas recientes, casi dos tercios de la población piensa que la inseguridad estará igual de mal o peor en el futuro, y casi seis de cada diez perciben que la presidenta está perdiendo las riendas del país.
Un análisis de las competencias de los gobernadores explica la gravedad de la situación. Si el escrutinio desciende a alcaldes y legisladores locales, el resultado es desesperanzador. Si se tiene el temple para ver las sesiones de la Corte, deprimente.
El país está en plena descomposición. No se percibe, ni en el poder central ni en el partido oficial, la imaginación, la voluntad o la lucidez para impedir un quiebre social.
Los apoyos sociales son alivio, no cura. Pierden su encanto ante la incompetencia, el abuso oficializado, la extorsión y la locura del despojo.
Cuidado. La República es un enorme paraje de hierba seca. La historia enseña que basta un chispazo para encender pasiones brutales e incontrolables.
Los estudios serios revelan que predominan en la población (64%) los sentimientos negativos: preocupación, decepción, miedo y enojo.
Es preciso activar una nueva forma de pensar la política, con orden, libertad, justicia y desarrollo.
Eso, antes de que aflore Fuenteovejuna.
X | @fvazquezrig
