Ciudad del Vaticano. - Antes del rezo del Ángelus, el Papa recuerda que Dios no descarta a nadie, que toda herida puede sanar, y que son los gestos de misericordia y atención a los demás los que mantienen viva la luz del Evangelio en el mundo.

Esta mañana el Santo Padre ha reflexionado sobre las palabras de Jesús «Ustedes son la sal de la tierra y la luz del mundo», para recordar a los fieles del mundo que vivir las Bienaventuranzas da verdadero sabor a la vida y hace resplandecer la alegría cristiana: “Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras”. De hecho, el Papa recuerda que vivir las Bienaventuranzas transforma la realidad, pues quien sigue a Jesús hace que la tierra sea distinta y que la oscuridad no tenga la última palabra.
Dios no descarta a nadie, y toda herida puede sanar

Desde la ventana del Palacio Apostólico, León XIV ha explicado que no siempre es fácil mantener esa alegría y esa luz: “Es doloroso perder sabor y renunciar a la alegría; sin embargo, es posible tener esta herida en el corazón”. También recuerda que muchas personas —quizá nos ha sucedido también a nosotros— se sienten descartadas o fracasadas, como si su luz se hubiera escondido. Ante esto, el Papa ha ofrecido una esperanza renovadora: “Jesús nos anuncia a un Dios que nunca nos descarta, a un Padre que custodia nuestro nombre y nuestra unicidad”. Es más, el Papa asegura que “cada herida, aun profunda, sanará acogiendo la palabra de las Bienaventuranzas y haciéndonos regresar al camino del Evangelio”.
Existe algo muy eficaz para reavivar la alegría

Después, el Papa desvela el secreto para revivir la alegría: “con gestos de apertura y de atención a los demás” y también habla de cómo la autenticidad importa más que la apariencia o el poder: “Jesús mismo fue tentado, en el desierto, por otros caminos: hacer valer su identidad, exhibirla y tener el mundo a sus pies. Pero él rechaza los caminos en los que hubiera perdido su verdadero sabor, aquel que hallamos cada domingo en la fracción del Pan: la vida entregada, el amor que no hace ruido”.

Destaca su invitación final a “dejarnos alimentar e iluminar por la comunión con Jesús”: “Sin exhibiciones seremos entonces como una ciudad en la cima del monte, no sólo visible, sino también atrayente y acogedora; la ciudad de Dios en la que todos, en definitiva, desean vivir y encontrar la paz”.

 

 

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CIUDAD DEL VATICANO. - En la Audiencia General celebrada en el Aula Pablo VI, León XIV continúa las catequesis sobre la Constitución conciliar "Dei Verbum", explicando que el Señor "elige hablar" en términos humanos a través de las Escrituras. Su anuncio —advierte— no debe descuidar su origen divino, pero tampoco perder contacto con las esperanzas y los sufrimientos de los creyentes, evitando un lenguaje "anacrónico".

"La Constitución conciliar Dei Verbum, sobre la cual estamos reflexionando en estas semanas, indica en la Sagrada Escritura, leída en la Tradición viva de la Iglesia, un espacio privilegiado de encuentro en el que Dios sigue hablando a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, para que, escuchándolo, puedan conocerlo y amarlo". Con estas palabras, el Papa León XIV abrió su catequesis en la Audiencia General de este miércoles 4 de febrero de 2026, celebrada en el Aula Pablo VI, en el marco del ciclo de reflexiones dedicadas al Concilio Vaticano II, que comenzó el 7 de enero pasado.

El Pontífice invitó a redescubrir la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, no como un texto del pasado, sino como un acontecimiento vivo, capaz de interpelar hoy la existencia concreta de los creyentes.
Dios habla con palabras humanas

León XIV recordó que los textos bíblicos no fueron escritos en un lenguaje celestial o sobrehumano. "Dos personas que hablan lenguas diferentes no se entienden entre ellas, no pueden entrar en diálogo, no logran establecer una relación", observó, subrayando que hacerse comprender por el otro es ya "un primer acto de amor".

Por eso —explicó— Dios elige hablar usando lenguajes humanos y, así, distintos autores, inspirados por el Espíritu Santo, han redactado los libros de la Sagrada Escritura. Como enseña Dei Verbum, "las palabras de Dios expresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana", del mismo modo que el Verbo eterno del Padre "se hizo semejante a los hombres" (DV, 13).

    “Por tanto, no sólo en sus contenidos, sino también en el lenguaje, la Escritura revela la condescendencia misericordiosa de Dios hacia los hombres y su deseo de hacerse cercano a ellos.”

Autor divino y autores humanos

El Papa repasó luego el largo camino de reflexión de la Iglesia sobre la relación entre el Autor divino y los autores humanos de los textos sagrados. Durante siglos -acotó- se insistió casi exclusivamente en la inspiración divina, hasta el punto de considerar a los hagiógrafos como meros instrumentos pasivos.

La reflexión contemporánea, en cambio, ha revalorizado su aportación, tal como recoge el Concilio Vaticano II, que afirma que Dios es el autor principal de la Sagrada Escritura, pero reconoce a los hagiógrafos como "verdaderos autores" de los libros sagrados (cf. DV, 11). "Rebajar la operación humana a la de puro amanuense no es glorificar la operación divina". Y añadió con vigor: "¡Dios no mortifica nunca al ser humano ni sus potencialidades!".
Interpretar la Escritura sin reducirla

De este equilibrio se desprende, afirmó León XIV, que toda lectura de la Escritura que descuide una de sus dos dimensiones -la divina o la humana- resulta parcial. De ello se desprende, dijo el Papa, que "una correcta interpretación de los textos sagrados no puede prescindir del ambiente histórico en el que estos han madurado y de las formas literarias utilizadas; es más, la renuncia al estudio de las palabras humanas de las que Dios se ha servido, corre el riesgo de dar lugar a lecturas fundamentalistas o espiritualistas de la Escritura, que traicionan su significado".

    “Este principio vale también para el anuncio de la Palabra de Dios: si pierde contacto con la realidad, con las esperanzas y los sufrimientos de los hombres, si utiliza un lenguaje incomprensible, poco comunicativo o anacrónico, resulta ineficaz.”

Por ello, el Pontífice precisó que, "en cada época la Iglesia está llamada a proponer de nuevo la Palabra de Dios con un lenguaje capaz de encarnarse en la historia y de alcanzar los corazones".

En este contexto, recordó las palabras del Papa Francisco en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: "Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual".
Una Palabra viva para hoy

Al mismo tiempo, León XIV alertó contra una lectura reductiva que olvida el origen divino de la Escritura y la considera solo como "un texto del pasado" o un objeto de análisis técnico.

    “Más bien, especialmente cuando se proclama en el contexto de la liturgia, la Escritura pretende hablar a los creyentes de hoy, tocar su vida presente con sus problemáticas, iluminar los pasos a seguir y las decisiones que tienen que asumir. Esto solamente es posible cuando el creyente lee e interpreta los textos sagrados bajo la guía del mismo Espíritu que los inspiró”

Citando a san Agustín, León XIV insistió en que quien no edifica el amor a Dios y al prójimo a partir de la Escritura "aún no la ha entendido". El origen divino de la Palabra recuerda, además, que el Evangelio confiado al testimonio de los bautizados no puede reducirse a un mensaje meramente filantrópico o social, sino que es "anuncio alegre de la vida plena y eterna" donada por Dios en Jesucristo.

Al concluir su meditación, el Papa invitó a dar gracias al Señor porque, en su bondad, "no permite que en nuestras vidas falte el alimento esencial de su Palabra". Y exhortó a los fieles a orar para que "nuestras palabras, y más aún nuestras vidas, no oscurezcan el amor de Dios que en ellas se narra".

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Ciudad del Vaticano. - En la audiencia general de hoy, León XIV profundizó en la Constitución conciliar “Dei Verbum” y explicó que Dios “nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”: en la vida de cada cristiano no puede faltar tiempo para la oración, la meditación y la reflexión

“Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”, dijo Jesús a sus discípulos, transformando así “radicalmente la relación del hombre con Dios”, convirtiéndola en “una relación de amistad”, una “nueva alianza”, cuya “única condición” es “el amor”. “Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum”, subrayó León XIV en la audiencia general de hoy, 14 de enero, en el Aula Pablo VI, en la que dedicó su catequesis al tema “Dios habla a los hombres como amigos” y a la Constitución dogmática sobre la divina Revelación, en el marco del nuevo ciclo dedicado a “Los documentos del Concilio Vaticano II”, que inició la semana pasada.
Semejantes a Dios en Cristo

La amistad, el diálogo y la oración son los elementos que deben distinguir la relación con Dios, indicó el Pontífice, quien partió de una premisa: la “gracia” de “hacernos amigos de Dios en su Hijo”, como explica San Agustín comentando el Evangelio de Juan. Porque “no somos iguales a Dios, pero Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo”, continuó el Papa. Si en la Alianza entre Dios y el hombre “hay un primer momento de distancia” y “el pacto” es “asimétrico” - “Dios es Dios y nosotros somos criaturas” -, “con la venida del Hijo en la carne humana”, “en Jesús, Dios nos hace hijos y nos llama a hacernos semejantes a Él a pesar de nuestra frágil humanidad”.

Nuestra semejanza con Dios, entonces, no se alcanza mediante la transgresión y el pecado, como sugirió la serpiente a Eva, sino en la relación con el Hijo hecho hombre.

La amistad entre Dios y los hombres

Para León XIV, “uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar” es la Dei Verbum, que, centrándose en las palabras que Jesús dirigió a los apóstoles, explica que con esta Revelación, “Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo”. En práctica, aclaró el Pontífice, “el Dios del Génesis”, que ya dialogaba con los hombres, incluso ante el “pecado”, que interrumpe “este diálogo”, no cesa de buscar “establecer una alianza” con ellos cada vez. Y así, cuando Dios, “se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos” y restablece el diálogo “de manera definitiva”, “la Alianza es nueva y eterna”, es “amistad” que “se alimenta del intercambio de palabras verdaderas”.

La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.
Escucha y oración

Dado que la Palabra alimenta las relaciones, primero se debe cultivar “la escucha”, indicó el Papa, para que “la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones”, y, al mismo tiempo, “hablar con Dios” a través de la oración, “no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos”. Por tanto, la oración es necesaria para “vivir” y “cultivar la amistad con el Señor”. Esto “se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia”, y también “en la oración personal”, que tiene lugar “en el interior del corazón y de la mente”, añadió el Pontífice, quien exhortó a encontrar momentos de recogimiento en medio de la rutina diaria.

Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.
La llamada de Jesús

Si “las amistades pueden terminar a causa de algún gesto clamoroso de ruptura”, o también por “desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla”, hay que esforzarse en  mantener la amistad con Dios, concluyó León XIV.

Si Jesús nos llama a ser sus amigos, intentemos no desoír su llamada. Acojámosla, cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación.

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Ciudad del Vaticano. - Hoy, en la celebración de la Fiesta del Bautismo de Jesús, el Papa ha recordado en el Ángelus que este sacramento nos libera del pecado. Destaca su invitación a hacer memoria del gran don que un día recibimos, comprometiéndonos a testimoniarlo con alegría y coherencia.

Este mediodía el Pontífice ha reflexionado sobre la Fiesta del Bautismo del Señor, recordando que con esta celebración comienza el Tiempo Ordinario del año litúrgico, “un período que nos invita a seguir al Señor, escuchar su Palabra e imitar sus gestos de amor al prójimo”. Según el Papa, de este modo “renovamos y confirmamos nuestro propio Bautismo, el sacramento que nos hace cristianos, liberándonos del pecado y transformándonos en hijos de Dios, por el poder de su Espíritu de vida”.

Reflexionando sobre el evangelio hodierno, León XIV ha recordado cómo Jesús se bautizó en el río Jordán, y cómo al hacerlo se manifestó toda la Trinidad: el Hijo en el agua, el Espíritu Santo descendiendo como paloma, y la voz del Padre proclamando: “Este es mi Hijo muy querido”. El Papa ha señalado que, de esta manera, “Dios no mira el mundo desde lejos, al margen de nuestra vida, de nuestras aflicciones y de nuestras esperanzas. Él viene entre nosotros con la sabiduría de su Verbo hecho carne, haciéndonos parte de un sorprendente proyecto de amor para toda la humanidad”.

El Bautismo nos introduce a todos en la Iglesia

El Santo Padre también explica que Jesús se hizo bautizar para revelar la infinita misericordia de Dios y que el Bautismo “nos introduce a todos en la Iglesia, que es el pueblo de Dios, formado por hombres y mujeres de toda nación y cultura, regenerados por su Espíritu”. De hecho, ha pedido que dediquemos el día de hoy a “hacer memoria del gran don recibido” pero sobre todo que nos comprometamos “a testimoniarlo con alegría y coherencia”.
Celebrando el amor de Dios

En su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, el Papa recuerda que esta mañana ha administrado el Sacramento del bautismo a algunos niños, convirtiéndose así en “nuestros nuevos hermanos y hermanas en la fe”. “Qué hermoso es celebrar como una única familia el amor de Dios, que nos llama por nuestro nombre y nos libera del mal” ha exclamado.
El Bautismo es un signo sagrado

Por último, León XIV recuerda que el primero de los sacramentos “es un signo sagrado que nos acompaña para siempre”, pues “en las horas oscuras, el Bautismo es luz; en los conflictos de la vida, el Bautismo es reconciliación; en la hora de la muerte, el Bautismo es la puerta del cielo”.

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Ciudad del Vaticano. - El misterio de la Navidad recuerda que la esperanza cristiana no se apoya en cálculos humanos, sino en la decisión de Dios de hacerse carne en Jesús y caminar con la humanidad. Esta cercanía divina dijo León XIV en el Ángelus, exige una fe encarnada, capaz de reconocer a Dios en la vida cotidiana y de comprometerse activamente con la dignidad, la justicia y el cuidado de cada persona.

En el segundo domingo después de la Natividad del Señor, el Papa León XIV dirigió su reflexión del Ángelus poniendo en el centro el corazón del misterio cristiano: la Encarnación de Dios como fundamento de la esperanza. 
La raíz de nuestra esperanza: Dios se hizo uno de nosotros

La esperanza cristiana surge de la cercanía de Dios, que al hacerse humano en Jesús camina con la historia y la vida concreta de las personas, y se manifiesta como una fe viva que reconoce a Dios en lo cotidiano y se traduce en compromiso real con la dignidad, la justicia y el cuidado del prójimo. Un mensaje claro y exigente que recuerda que la Navidad no es solo una celebración del pasado, sino una llamada permanente a vivir una fe encarnada, cercana y comprometida con la vida concreta de los hombres y mujeres de hoy. El Pontífice recordó que la fe cristiana no se apoya en cálculos humanos ni en un optimismo ingenuo, sino en una certeza profunda: Dios ha decidido compartir nuestra historia.
La esperanza cristiana nace de un Dios que se hace cercano

Inspirado en el Prólogo del Evangelio de san Juan —«Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14)—, el Papa subrayó que la esperanza cristiana nace de un Dios que no permanece distante, sino que entra en la fragilidad humana. En Jesús, Dios se hace uno de nosotros y camina a nuestro lado, asegurándonos que nunca estamos solos en la travesía de la vida. No se trata, afirmó el Papa, de un Dios lejano que habita en un cielo perfecto, sino del Dios-con-nosotros, que comparte nuestra tierra frágil y se manifiesta en la vida real.

    “La venida de Jesús en la debilidad de la carne humana, si por una parte reaviva en nosotros la esperanza, por otra nos confía un doble compromiso, uno hacia Dios y el otro hacia el ser humano.”

Una fe verdaderamente encarnada

El Santo Padre explicó que la Encarnación implica un doble compromiso: uno hacia Dios y otro hacia el ser humano. En relación con Dios, invitó a revisar nuestra espiritualidad para que no se reduzca a conceptos abstractos, sino que parta siempre de la humanidad concreta de Jesús. Creer en el Dios hecho carne significa reconocerlo cercano, presente en la realidad cotidiana, en los rostros de los hermanos y en las situaciones concretas de cada día.

    “Por eso, siempre debemos verificar nuestra espiritualidad y las formas en las que expresamos la fe, para que sean realmente encarnadas, es decir, capaces de pensar, rezar y anunciar al Dios que viene a nuestro encuentro en Jesús; no un Dios distante que habita en un cielo perfecto sobre nosotros, sino un Dios cercano que habita nuestra tierra frágil, se hace presente en el rostro de los hermanos, se revela en las situaciones de cada día.”

El compromiso con la dignidad humana

El segundo compromiso, inseparable del primero, se dirige al ser humano. Si Dios se ha hecho uno de nosotros, toda persona lleva en sí su imagen y un reflejo de su luz. De ahí nace la exigencia de reconocer la dignidad inviolable de cada ser humano y de vivir el amor mutuo como criterio fundamental de las relaciones humanas.

El Papa León XIV insistió en que la Encarnación reclama un compromiso concreto con la fraternidad, la comunión, la justicia y la paz. Cuidar a los más frágiles y defender a los débiles no es una opción secundaria, sino una consecuencia directa de la fe cristiana. “No hay un culto auténtico a Dios sin el cuidado de la carne humana”, afirmó con fuerza.

    “... para que la solidaridad sea el criterio de las relaciones humanas; por la justicia y por la paz; por el cuidado de los más frágiles y la defensa de los débiles. Dios se hizo carne, por eso no hay un culto auténtico hacia Dios sin el cuidado de la carne humana.”

María, modelo de disponibilidad y servicio

Al concluir, el Pontífice animó a los fieles a dejarse sostener por la alegría de la Navidad para continuar el camino cristiano con esperanza renovada. Encomendó este compromiso a la Virgen María, pidiendo que nos ayude a estar cada vez más disponibles para servir a Dios y al prójimo.

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Ciudad del Vaticano. - Al término del Ángelus, León XIV pide a los más pequeños que recen ante el belén y luego bendice a sus Niños Dios, como es tradición en el cuarto domingo de Adviento.

Con la nariz levantada hacia la ventana del Papa, sostienen en sus manos al Niño Jesús que han traído de casa y esperan que sea bendecido por León XIV. Son numerosos los niños que hoy, 21 de diciembre, se han reunido en la Plaza de San Pedro con sus familias y catequistas para participar en la iniciativa organizada por el Centro Oratorios Romanos desde 1969 con el Papa Pablo VI y continuada a lo largo de los años con los demás Sucesores de Pedro. Es la primera vez para el Papa León, quien, en esta ocasión, dirige una importante petición a los pequeños.

Queridos niños, ante el pesebre, recen a Jesús también por las intenciones del Papa. En particular, recemos juntos para que todos los niños del mundo puedan vivir en paz. ¡Les doy las gracias de corazón!

El Papa: san José es modelo de misericordia y fe en este tiempo de Adviento

En el Ángelus del cuarto domingo de Adviento, León XIV invitó a los fieles a contemplar la figura de san José, descrito como un hombre justo, sensible y valiente en la fe. A través ...

La bendición

Una oración por la paz, la misma que trae el Niño Jesús al mundo. León XIV bendice las estatuillas, algunas desnudas en el pesebre, otras con túnicas blancas y doradas, «para colocarlas —afirma el Papa— en el pesebre de sus casas, escuelas y oratorios».

Y sobre los Niños Jesús y todas las expresiones de nuestra fe en el Niño Jesús, los bendiga siempre el Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Antes incluso de la bendición, el Obispo de Roma había saludado a los fieles procedentes de diversas partes de Italia y del mundo, como España y Hong Kong. También dedicó un pensamiento a los miembros de la «Fundación Agustinos en el Mundo», con motivo de su aniversario.

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Ciudad del Vaticano. - Durante el Ángelus, el Papa comenta el Evangelio de Mateo y reafirma que Jesús sigue hablándonos a través de los pobres, los últimos y los enfermos. Como Juan el Bautista en la cárcel, nos exhorta a no perder la esperanza y a mantener "una voz libre en busca de verdad y justicia".

Está el mundo de las cárceles que hoy, domingo 14 de diciembre, celebra su Jubileo; hay peregrinos de diversas nacionalidades con pancartas y banderas, y también simples turistas escuchando la reflexión del Papa León durante el Ángelus, en este tercer domingo de Adviento, basada en el Evangelio de Mateo. Juan el Bautista se encuentra justamente tras las rejas debido a su predicación, pero a pesar de sufrir la prisión no pierde la esperanza; incluso encadenado sigue siendo una voz libre en busca de verdad y justicia. Y desde esa cárcel se interroga, busca al Mesías y pregunta: "¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?".
Los últimos en el centro

La respuesta de Jesús, afirma el Pontífice, pone la mirada en aquellos a quienes Él amó y sirvió, y que hoy siguen estando en el corazón de la Iglesia.

“Son ellos: los últimos, los pobres, los enfermos quienes hablan por Él. Cristo anuncia quién es a través de lo que hace. Y lo que hace es para todos nosotros signo de salvación. De hecho, cuando se encuentra con Jesús, la vida privada de luz, de palabra y de sentido recupera su significado: los ciegos ven, los mudos hablan, los sordos oyen. La imagen de Dios, desfigurada por la lepra, recupera integridad y salud. Incluso los muertos, totalmente insensibles, vuelven a la vida. Este es el Evangelio de Jesús, la buena noticia anunciada a los pobres: cuando Dios viene al mundo, ¡se le ve!”.

Cristo, esperanza en la hora de la prueba

La Palabra de Dios - continúa - tiene un poder de liberación y de sanación. De ahí la invitación a alegrarse porque Cristo es nuestra esperanza, “sobre todo en la hora de la prueba”, cuando la vida pierde sentido y nos cuesta escuchar al prójimo.

"Él da palabra a los oprimidos, a quienes la violencia y el odio han privado de voz; Él vence la ideología que hace sordos a la verdad; Él sana de las apariencias que deforman el cuerpo. El Verbo de la vida nos redime así del mal, que conduce el corazón a la muerte. Por eso, como discípulos del Señor, en este tiempo de Adviento estamos llamados a unir la espera del Salvador con la atención a lo que Dios hace en el mundo. Entonces podremos experimentar la alegría de la libertad que se encuentra con su Salvador…"

Llamado por la República Democrática del Congo

Al finalizar la oración mariana, después de recordar las beatificaciones en España y Francia y los muchos mártires valientes asesinados por su fe, la voz de León se eleva nuevamente a favor de la paz. El Pontífice expresa preocupación por la reanudación de los enfrentamientos en la parte oriental de la República Democrática del Congo, expresa su cercanía con la población e invita a respetar los procesos de paz en curso.

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Ciudad del Vaticano. - A la hora del Ángelus dominical, en la Jornada mundial de los pobres y en el día de su Jubileo, el Papa León XIV invitó a no dejarse vencer por el miedo ante los conflictos, las calamidades y las persecuciones. Recordó asimismo que la persecución de los cristianos “no ocurre sólo con las armas y los maltratos, sino también con las palabras, es decir, a través de la mentira y de la manipulación ideológica”

    “No dejarse vencer por el miedo”

Al comentar el capítulo 21 del Evangelio de san Lucas, antes de rezar el ángelus dominical, León XIV se refirió a cómo reacciona Jesús ante la profecía de la destrucción del templo y ante las guerras, los terremotos y las persecuciones.
Cuanto más oscura es la hora, más brilla la fe

El Papa observó que el llamamiento de Cristo resulta muy “actual”, considerando las “noticias de conflictos, calamidades y persecuciones que atormentan cada día a millones de hombres y mujeres”.

    “Tanto ante estas aflicciones como ante la indiferencia que pretende ignorarlas, las palabras de Jesús anuncian que la agresión del mal no puede destruir la esperanza de quien confía en Él. Cuanto más oscura es la hora, como la noche, más brilla la fe como el sol”

Armas y manipulación ideológica, instrumentos de persecución

El testimonio se mide precisamente en la hora de la prueba. Y los relatos bíblicos están llenos de pruebas dijo el Papa. 

La persecución de los cristianos, de hecho, no ocurre solo con armas y maltratos, sino también con palabras, es decir, a través de la mentira y la manipulación ideológica. Sobre todo, cuando estamos oprimidos por estos males, físicos y morales, estamos llamados a dar testimonio de la verdad que salva al mundo, de la justicia que libera a los pueblos de la opresión y de la esperanza que señala a todos el camino de la paz.

Transfigurar la violencia en signo de redención

Resistir a las ofensas, a la violencia, a la traición. La vida de Jesús, hasta la Cruz, está continuamente marcada por esta actitud. León recuerda que “los desastres y los sufrimientos de la historia tienen un final, mientras que la alegría de quienes reconocen en Él al Salvador está destinada a durar para siempre”. Y dirige la mirada a los testigos por excelencia, los mártires:

[…] A lo largo de la historia de la Iglesia, son sobre todo los mártires quienes nos recuerdan que la gracia de Dios es capaz de transfigurar incluso la violencia en un signo de redención. Por eso, uniéndonos a nuestros hermanos y hermanas que sufren por el nombre de Jesús, busquemos con confianza la intercesión de María, Auxilio de los Cristianos. En cada prueba y dificultad, que la Virgen Santa nos consuele y nos sostenga.

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Plaza San Pedro. Ciudad del Vaticano. -  León XIV dedica la catequesis de la audiencia general en la plaza de San Pedro al diálogo interreligioso y al mensaje del documento conciliar Nostra Aetate. Recuerda las raíces judías del cristianismo y sugiere una serie de temas en los que todas las religiones pueden colaborar: la ecología, la lucha contra el extremismo religioso, la inteligencia artificial. Por último, hace un llamamiento para que "nada nos separe".

“Todos mis predecesores han condenado el antisemitismo con palabras claras. Y así también yo confirmo que la Iglesia no tolera el antisemitismo y lo combate, por el mismo Evangelio”. Son palabras claras y directas las que pronuncia el Papa León XIV en la catequesis de la audiencia general de hoy, miércoles 29 de octubre, en la Plaza de San Pedro, reiterando la total incompatibilidad entre el Evangelio, el Magisterio de la Iglesia y el antisemitismo.

La audiencia, precedida de un largo paseo en papamóvil durante el cual León XIV saludó a varios niños, matrimonios y a la multitud de fieles que llegaba hasta la plaza de Pío XII, está dedicada -como él mismo anunció- al "diálogo interreligioso". La ocasión es la celebración del 60 aniversario de la Declaración Nostra Aetate, aprobada por el Concilio Vaticano II el 28 de octubre de 1965.
Como compañeros de viaje

Recordando el diálogo entre Jesús y la Samaritana, nacido de la sed de Dios y superando las barreras de la cultura, el género y la religión, el Papa recuerda que este momento capta el núcleo mismo del diálogo interreligioso. En esta estela, recuerda que el documento conciliar redefinió las relaciones entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas, en particular el judaísmo, y "abrió -subraya el Pontífice- un nuevo horizonte de encuentro, respeto y hospitalidad espiritual". Miró a los seguidores de otras religiones de un modo enriquecedor.

    “Como compañeros de viaje en el camino de la verdad; para honrar las diferencias afirmando nuestra común humanidad; y para discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”

La Iglesia deplora el odio, la persecución y el antisemitismo

Con este documento, continúa explicando el Pontífice, el Papa Juan XXIII pretendía restablecer la relación original con el mundo judío, dando forma, "por primera vez en la historia de la Iglesia", al tratado doctrinal sobre las raíces judías del cristianismo y que a nivel bíblico y teológico representaba "un punto de no retorno". Un reconocimiento, pues, del vínculo entre "el pueblo del Nuevo Testamento" y "el linaje de Abraham".

    “La Iglesia, consciente de la herencia que tiene en común con los judíos, e impulsada no por motivos políticos sino por la caridad religiosa evangélica, deplora los odios, las persecuciones y todas las manifestaciones de antisemitismo dirigidas contra los judíos en todo tiempo y por cualquiera”

Una amistad sólida

"Hoy -añadió el Papa- podemos mirar con gratitud todo lo que se ha logrado en el diálogo judeo-católico en estas seis décadas. Esto se debe no sólo al esfuerzo humano, sino a la asistencia de nuestro Dios que, según la convicción cristiana, está en sí mismo diálogo".

    “No podemos negar que durante este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero éstos nunca han impedido la continuación del diálogo. Incluso hoy, no debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos distraigan de la amistad, sobre todo teniendo en cuenta lo mucho que hemos conseguido hasta ahora”

Arraigados en el amor

León XIV recuerda que el espíritu de Nostra Aetate sigue iluminando el camino de la Iglesia, reconociendo que todas las religiones pueden reflejar "un rayo de esa verdad que ilumina a todos los hombres", buscando respuestas a los misterios de la vida llevando el diálogo también al plano espiritual. De ahí la invitación a "comprometerse" reconociendo todo lo que hay de bueno, verdadero y santo en las distintas tradiciones, especialmente en el mundo de hoy "donde, a causa de la movilidad humana, nuestras diversidades y pertenencias espirituales están llamadas a encontrarse y convivir fraternalmente".

    “Nostra Aetate recuerda que el verdadero diálogo tiene sus raíces en el amor, único fundamento de la paz, la justicia y la reconciliación, al tiempo que rechaza firmemente toda forma de discriminación o persecución, afirmando la igual dignidad de todo ser humano”

Actuar juntos contra el fanatismo religioso y el extremismo

La implicación de la que habla el Papa se convierte, según sus instrucciones, en actuar juntos en un mundo que "necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración". León XIV señala los ámbitos en los que podemos trabajar juntos para aliviar el sufrimiento humano y cuidar, por ejemplo, de la casa común y más allá.

    “Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Debemos reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar vigilantes contra el abuso del nombre de Dios, de la religión y del propio diálogo, y contra los peligros que plantean el fundamentalismo religioso y el extremismo”

La inteligencia artificial y sus peligros

Entre las cuestiones que hay que abordar está también la de la Inteligencia Artificial, que "si se concibe como una alternativa a lo humano, puede socavar gravemente su dignidad infinita y neutralizar sus responsabilidades fundamentales.

    “Nuestras tradiciones tienen una inmensa contribución que aportar a la humanización de la tecnología e inspirar así su regulación, para proteger los derechos humanos fundamentales.”

Esperanza en el mundo de mañana

Las religiones, prosigue el Papa, enseñan que "la paz comienza en el corazón humano" y, por tanto, pueden aportar una importante contribución para hacer posible "un mundo nuevo". "Debemos restaurar la esperanza en nuestras vidas personales, en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras escuelas, en nuestros pueblos, en nuestros países y en nuestro mundo". El Pontífice recordó que Nostra Aetate, hace sesenta años, trajo esperanza al mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

    “Hoy estamos llamados a refundar esa esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Trabajemos juntos, porque si estamos unidos todo es posible. Procuremos que nada nos divida”

La base del diálogo y la oración

Es en la amistad y la cooperación donde las generaciones futuras pueden mirar para continuar el diálogo.

    “Y ahora, detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”

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Miércoles, 15 Octubre 2025 06:58

Jesús es el punto de llegada de nuestro caminar

CIUDAD DEL VATICANO. - En la catequesis de la audiencia general en la Plaza de San Pedro, León XIV inició la última parte del ciclo jubilar "Jesucristo, nuestra esperanza" y abrió el capítulo "La resurrección de Cristo y los desafíos del mundo actual" con la reflexión "El Resucitado, fuente viva de la esperanza humana". El Pontífice indicó que Jesús es el “compañero de viaje” que nos sostiene en el camino no siempre fácil de nuestra vida. “Sin su amor, el viaje de la vida se convertiría en un vagar sin meta".

Una plaza de San Pedro repleta de fieles acogió hoy al Papa León XIV para la audiencia general del este miércoles 15 de octubre. Como de costumbre, antes de iniciar su reflexión, el Papa saludó desde el papamóvil a los numerosos fieles allí reunidos. En esta ocasión, la presencia de unos 60 000 peregrinos condujo al Pontífice más allá del hemiciclo de Bernini, a lo largo de la Vía de la Conciliación, en medio de una animada multitud.

“En las catequesis del Año jubilar, hasta este momento, hemos recorrido la vida de Jesús siguiendo los Evangelios, desde el nacimiento a la muerte y resurrección. De este modo, nuestra peregrinación en la esperanza ha encontrado su fundamento firme, su camino seguro”, inició diciendo el Santo Padre en su reflexión, precisando que ahora, “en la última parte del camino, dejaremos que el misterio de Cristo, que culmina en la Resurrección, libere su luz de salvación en contacto con la realidad humana e histórica actual, con sus preguntas y sus desafíos”.

Creados para la plenitud

El Papa evidenció que en nuestra vida, llena de matices y de vivencias diferentes, experimentamos una “situación paradójica: quisiéramos ser felices, pero es muy difícil conseguirlo de forma continuada y sin sombras” y  “sentimos que siempre nos falta algo”. Pero, en verdad – aseguró – no hemos sido creados para la falta, sino para la plenitud, para disfrutar de la vida y de la vida en abundancia, según la expresión de Jesús en el Evangelio de Juan (cfr 10,10).

Este deseo grande de nuestro corazón puede encontrar su última respuesta no en los roles, no en el poder, no en el tener, sino en la certeza de que alguien se hace garante de este impulso constitutivo de nuestra humanidad; en la conciencia de que esta espera no será decepcionada o frustrada. Tal certeza coincide con la esperanza.

La esperanza cumple

El Pontífice recalcó que esto no quiere decir “pensar de forma optimista” sino que “a menudo el optimismo nos decepciona, al ver cómo nuestras expectativas implosionan, mientras la esperanza promete y cumple”.

Hermanas y hermanos, ¡Jesús Resucitado es la garantía de esta llegada! Él es la fuente que sacia nuestra sed ardiente, la sed infinita de plenitud que el Espíritu Santo infunde en nuestro corazón. La Resurrección de Cristo, de hecho, no es un simple acontecimiento de la historia humana, sino el evento que la transformó desde dentro.

El Obispo de Roma invitó además a pensar en una fuente de agua y sus características, evidenciando que sin ella “no se puede vivir”, para indicar:

El Resucitado es la fuente viva que no se seca y no sufre alteraciones. Permanece siempre pura y preparada para todo el que tenga sed. Y cuanto más saboreamos el misterio de Dios, más nos atrae, sin quedar nunca completamente saciados.

Jesús sacia nuestra vida

A continuación, aseguró que es “Jesús, con su Resurrección”, quien nos ha asegurado “una permanente fuente de vida”. Él “es capaz de ofrecernos alivio en el camino terreno y asegurarnos la quietud perfecta en la eternidad”.

Solo Jesús muerto y resucitado responde a las preguntas más profundas de nuestro corazón: ¿hay realmente un punto de llegada para nosotros? ¿Tiene sentido nuestra existencia? ¿Y el sufrimiento de tantos inocentes, cómo podrá ser redimido? Jesús Resucitado no deja caer una respuesta “desde arriba”, sino que se hace nuestro compañero en este viaje a menudo cansado, doloroso, misterioso. Solo Él puede llenar nuestra jarra vacía, cuando la sed se hace insoportable.

Sin Jesús, la vida es un vagar sin meta

Jesús es también “el punto de llegada de nuestro caminar, aseguró el Santo Padre. “Sin su amor, el viaje de la vida se convertiría en un vagar sin meta, un trágico error con un destino perdido”.

El Resucitado garantiza la llegada, nos conduce a casa, donde somos esperados, amados, salvados. Hacer el viaje con Él al lado significa experimentar ser sostenidos a pesar de todo, saciados y fortalecidos en las pruebas y en las fatigas que, como piedras pesadas, amenazan con bloquear o desviar nuestra historia.

La esperanza de Cristo

Finalmente, el Papa León dejó una síntesis que debemos atesorar: 

Queridos, de la Resurrección de Cristo brota la esperanza que nos hace gustar anticipadamente, no obstante las fatigas de la vida, una quietud profunda y gozosa: aquella paz que Él solo nos podrá dar al final, sin fin.

Publicado en RELIGIÓN
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