El Papa Francisco celebró la eucaristía el domingo 23 de febrero en la ciudad italiana de Bari. Allí encontró a los obispos que han participado en el encuentro “Mediterráneo, Frontera de Paz” y a miles de personas que asistieron a la misa.

Ciudad del Vaticano.- Francisco comenzó su homilía de este domingo 23 de febrero recordando el texto de Mateo 5,38 donde Jesús cita la antigua ley: «Ojo por ojo, diente por diente». Sobre este versículo, el Papa afirma que significa “un paso adelante” en las relaciones entre las personas, porque “evitaba represalias peores: si alguien te ha hecho daño, le pagarás con la misma medida, no podrás hacerle algo peor. Que las controversias terminaran con un empate era ya un paso adelante”, insiste.

La estrategia de Jesús

El Papa pone en evidencia la estrategia de Jesús: Él “va más allá, mucho más lejos: «Pero yo les digo: no hagan frente al que les agravia» (Mt 5,39). Detrás de esta afirmación está el modo de proceder de Dios mismo: “Que el Padre, nuestro Padre, ama siempre a todos, aun cuando no es correspondido. Él «hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos» (v. 45).

Seguidamente el Papa plantea: “Si queremos ser discípulos de Cristo, si queremos llamarnos cristianos, este es el camino. Amados por Dios, estamos llamados a amar; perdonados, a perdonar; tocados por el amor, a dar amor sin esperar a que comiencen los otros; salvados gratuitamente, a no buscar ningún beneficio en el bien que hacemos”.

La novedad cristiana: el extremismo del amor

Francisco insiste, ante las posibles argumentaciones de que Jesús exagera al pedirnos amar a los enemigos diciendo: “Amen a sus enemigos y recen por los que les persiguen. Esta es la novedad cristiana. Es la diferencia cristiana. Rezar y amar: esto es lo que debemos hacer; y no sólo por los que nos aman, por los amigos, por nuestra gente. Porque el amor de Jesús no conoce límites ni barreras. El Señor nos pide la valentía de un amor sin cálculos. Porque la medida de Jesús es el amor sin medida”.

Es más, el Papa afirma: “El mandamiento del amor no es una simple provocación, sino es el espíritu del Evangelio” y profundiza: “El Señor no fue prudente, no hizo concesiones, nos pide el extremismo de la caridad. Este es el único extremismo cristiano: el del amor”.

El culto a Dios se opone a la cultura del odio

El Papa Francisco se cuestiona: “¿Qué me preocupa en la vida: mis enemigos, quien me aborrece, o amar?” A esto responde: “No te preocupes de la maldad de los demás, o del que piensa mal de ti. En cambio, comienza a transformar tu corazón por amor a Jesús. Porque quien ama a Dios no tiene enemigos en el corazón. El culto a Dios es lo opuesto a la cultura del odio”.

El Obispo de Roma insistió en la necesidad de combatir la cultura del odio: “Esta es la revolución de Jesús, la más grande de la historia: la que pasa del odio al amor por el enemigo, del culto a la lamentación a la cultura del don. ¡Si pertenecemos a Jesús, este es el camino!

El Papa nos advierte sobre la consideración de creer que la lógica de Jesús es un fracaso: “A los ojos del mundo Él es un perdedor, pero a los ojos de Dios es un ganador” y citando la segunda lectura, donde San Pablo nos advierte: «Que nadie se engañe […]. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios» (1 Co 3,18-19). “Dios ve más allá. Él sabe cómo ganar. Sabe que el mal sólo se puede vencer con el bien. Nos salvó así: no con la espada, sino con la cruz. Amar y perdonar es vivir como ganadores” insistió Francisco.

Ante la tentación de devolver violencia porque he recibido violencia, el Papa nos recuerda las palabras que Jesús dijo a Pedro: “El Señor también nos repetiría a nosotros las palabras que dijo a Pedro en Getsemaní: «Mete la espada en la vaina» (Jn 18,11) y luego prosiguió: “No, la solución no es desenvainar la espada contra alguien, ni tampoco huir de los tiempos que nos toca vivir. La única solución es el camino de Jesús: el amor activo, el amor humilde, el amor «hasta el extremo» (Jn 13,1)”.

Una gracia que debemos implorar

El Papa nos invita a pensar si lograremos hacer realidad, si lograremos vivir el mandamiento de Jesús. A ello responde: “Si la meta fuera imposible, el Señor no nos hubiera pedido que la alcanzáramos. Pero, solos es difícil; es una gracia que debemos implorar. Se necesita pedir a Dios la fuerza para amar, decirle: “Señor, ayúdame a amar, enséñame a perdonar. Solo no puedo hacerlo, te necesito”. Y también pedirle la gracia de ver a los demás no como obstáculos y complicaciones, sino como hermanos y hermanas a quienes amar”.

“A la tarde te examinarán en el amor” (S. Juan de la Cruz)

Francisco animó a la comunidad a orar intensamente “para ser cristianos de verdad” y afirmó: “Elijamos hoy el amor, aunque cueste, aunque vaya contra corriente. No nos dejemos condicionar por lo que piensan los demás, no nos conformemos con medias tintas. Acojamos el desafío de Jesús, el desafío de la caridad. Así seremos verdaderos cristianos y el mundo será más humano”.

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En la catequesis del miércoles 12 de febrero el Papa Francisco se detuvo en la segunda bienaventuranza: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados». Y realizó algunas distinciones: hay quienes se afligen porque se han equivocado: “esto es orgullo”. En cambio hay quienes lo hacen por el bien omitido, y ese llanto es fruto de “la traición a la relación con Dios”. «¡Bendito sea Dios si llegan estas lágrimas!», exclamó.

Ciudad del Vaticano.-  Uno de los primeros monjes, Efrén el sirio, dice que “un rostro lavado por las lágrimas es de una belleza indescriptible”. Es “la belleza del arrepentimiento, la belleza del llanto, la belleza de la contrición”. Es un “gran regalo de Dios” y es “una gracia que debemos pedir”. Son algunas de las enseñanzas del Papa en la catequesis del miércoles 12 de febrero, meditando sobre la segunda de las bienaventuranzas: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados».

El dolor interior abre a una auténtica relación con Dios

Esta bienaventuranza, dijo el Papa, es “una actitud fundamental en la espiritualidad cristiana”. Es lo que los primeros monjes de la historia llamaron “penthos”, es decir “el dolor interior que nos abre a una auténtica relación con el Señor y con el Prójimo.

Según las Sagradas Escrituras, este llanto puede tener dos aspectos. El primero, la aflicción causada por la muerte o por el sufrimiento de alguien que amamos. El segundo, un llanto por el dolor de nuestros pecados, provocado por haber ofendido a Dios y al prójimo.

El don de las lágrimas

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Adentrándose en ambos aspectos el pontífice señaló que el primer significado alude al luto, que es siempre amargo y doloroso, que paradójicamente puede ayudarnos a tomar conciencia de la vida, del valor sagrado e insustituible de toda persona y de la brevedad del tiempo.

El segundo, en cambio, “indica el llanto por el mal ocasionado, por el bien que no se hizo y por la deslealtad a la relación con Dios”. Este es un llanto – añadió – por  no haber correspondido al amor incondicional del Señor hacia nosotros, por el bien que no quisimos hacer, por no haber querido a los demás.

El dolor por haber ofendido y herido a quien amamos es lo que llamamos el sentido del pecado, que es don Dios y obra del Espíritu Santo, siempre nos perdona y corrige con ternura.

El llanto por orgullo y el llanto por la traición a Dios

El Romano Pontífice realizó una ulterior distinción entre la aflicción causada por el propio error, que está motivado por el orgullo, y aquella por el mal hecho o el bien omitido, que está motivada por la traición a la relación con Dios. Y explicó que este último es “el llanto por no haber amado, que surge de tener la vida de otros en el corazón”.

Aquí se llora porque no se corresponde al Señor que nos quiere tanto, y nos entristece el pensamiento del bien no hecho; éste es el significado del pecado. Ellos dicen: "He herido a aquel que amo", y esto les duele hasta las lágrimas. ¡Bendito sea Dios si llegan estas lágrimas!

El llanto de Pedro y el llanto de Judas

Es la diferencia, continuó enseñando el Santo Padre, que se puede ver entre el llanto de Judas y el de Pedro: el de San Pedro “es un llanto que purifica, que renueva”. “Pedro miró a Jesús y lloró”. En cambio, el llanto de Judas, que no aceptó haberse equivocado, lo llevó al suicidio.

Comprender el pecado es un regalo de Dios, es una obra del Espíritu Santo. Nosotros, solos, no podemos entender el pecado. Es una gracia que debemos pedir. Señor, que comprenda el mal que he hecho o puedo hacer. Este es un gran regalo y después de entenderlo, viene el grito de arrepentimiento.

Dios siempre perdona, incluso los pecados más feos

Recordando las palabras de Efrén el sirio mencionadas antes, el Pontífice señaló que la vida cristiana “tiene su mejor expresión en la misericordia”, puesto que “sabio y bienaventurado es el que acoge el dolor vinculado al amor, porque recibirá el consuelo del Espíritu Santo que es la ternura de Dios que perdona y corrige”.

Dios siempre perdona, no lo olviden; no olvidemos esto. Dios siempre perdona, incluso los pecados más feos. Siempre. El problema está en nosotros, que nos cansamos de pedir perdón. Ese es el problema. Cuando uno se cierra y no pide perdón. Y Él está ahí para perdonar.

Y porque “si tenemos siempre presente que Dios ‘no nos trata según nuestros pecados ni nos paga según nuestras faltas”, Francisco concluyó la catequesis animando a los fieles a pedir al Señor que nos conceda “el don de las lágrimas por nuestra falta de amor a Dios y al prójimo”, y que “por su compasión y misericordia nos permita amar a nuestros hermanos y dejar que entren en nuestro corazón amar”. Dios nos conceda el don de las lágrimas por haber ofendido a quien amamos

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Una vez más el Romano Pontífice alza su voz por Siria: lo hace a la hora del Ángelus del domingo 9 de febrero, renovando su apremiante llamamiento a la comunidad internacional y a las partes involucradas para que “utilicen los instrumentos diplomáticos del diálogo y las negociaciones”, para “salvaguardar la vida y la suerte de los civiles”.

Ciudad del Vaticano.- Desde el comienzo de su pontificado, el Papa Francisco ha levantado su voz por Siria, haciéndose intérprete del dolor de un pueblo que sufre, pidiendo la intervención de la comunidad internacional para poner fin a las armas, ofreciendo ayuda concreta a los refugiados. Este domingo 9 de febrero a la hora del Ángelus, una vez más se pronuncia sobre la difícil situación que viven las mujeres, los niños y las personas obligadas a huir debido a la escalada militar de los últimos días. Estas sus palabras:

“Siguen llegando dolorosas noticias del noroeste de Siria, en particular sobre la difícil situación de tantas mujeres y niños, de personas obligadas a huir debido a la escalada militar.Renuevo mi apremiante llamamiento a la comunidad internacional y a todos los interesados para que utilicen los instrumentos diplomáticos del diálogo y las negociaciones, en conformidad con el derecho internacional humanitario, para salvaguardar la vida y la suerte de los civiles. Recemos por esta amada y martirizada Siria: Dios te salve María...".

Sangre inocente derramada, niños atrapados bajo los sangrientos bombardeos, testigos de la fe secuestrados y asesinados pero que no se echaron atrás ante la Cruz. Hay muchas imágenes que Francisco, en seis años de Magisterio, ofreció al mundo para que no apartara la vista de la inhumana guerra de Siria. El Papa se convirtió en una voz de esperanza, de paz, de compromiso, sin ocultar las dificultades de diálogo entre las partes y el gran riesgo de transformar el conflicto en una "persecución brutal" de las minorías religiosas. La preocupación del Santo Padre se ha dirigido varias veces a los refugiados y desplazados que huyen de la guerra y de la violencia que "sólo crea más violencia".

Papa a Assad: solución pacífica a las hostilidades

El 12 de diciembre de 2016 vuelve a escribir al presidente sirio Bashir Al-Assad, a través del Nuncio Apostólico el Card. Mario Zenari, otro incansable embajador de la paz. Hace un llamamiento a "una solución pacífica a las hostilidades", a la protección de los civiles, a permitir el acceso a la ayuda humanitaria y condena "todas las formas de extremismo y terrorismo de dondequiera que provengan".

Junto al pueblo sirio

Siria es una constante en los mensajes Urbi et Orbi que pronuncia el Papa; lo mismo ocurre en las audiencias generales de los miércoles, Ángelus y Regina Coeli, cuando los sangrientos acontecimientos estallan y trastornan debido a la violencia con que se cometen.

Francisco hace oír el grito de paz a los grandes de la tierra con los que se encuentra, escribe por ejemplo al presidente ruso Vladimir Putin con ocasión de la cumbre del G20 en San Petersburgo (5 de septiembre de 2013), pidiendo "una solución pacífica mediante el diálogo y la negociación entre las partes interesadas con el apoyo unánime de la comunidad internacional".

La caricia de la Iglesia

Ángelus del Papa: Iglesia llamada a prolongar en la historia la presencia de Cristo

"Quiero decirles que no están solos": así explica Francisco su presencia, junto al Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé, en Lesbos el 16 de abril de 2016, dirigiéndose a los refugiados acogidos en el campo de Mòria. En el avión que lo lleva de vuelta al Vaticano hay también tres familias sirias. Es un gesto que va más allá de las palabras; es un gesto que es amor de la Iglesia por los débiles, es la caricia de Jesús a los hambrientos de hoy. Tres años más tarde el Papa envía al Cardenal Konrad Krajewski, Limosnero Pontificio, a aportar su cercanía y una donación de 100 mil euros a los emigrantes alojados en las estructuras de la isla.

El día de ayuno y la vigilia por la paz

Dieciocho días después de su elección, en el mensaje Urbi et Orbi, Francisco recuerda a la "amada Siria" y a la población herida por el conflicto, pero también a "los numerosos refugiados, que esperan ayuda y consuelo".

"¡Cuánta sangre se ha derramado! ¿Y cuánto más sufrimiento debe infligirse antes de que se pueda encontrar una solución política a la crisis?"

Una pregunta que repite varias veces a lo largo de los años. El Papa pide "coraje" y "decisión" para tomar el camino de la negociación, sin escatimar esfuerzos. La oración es la fuerza a la que hay que aferrarse en el dolor y la dificultad, por lo que promueve un Día de Ayuno y Oración por la Paz en Siria, en Oriente Medio y en todo el mundo el 7 de septiembre de 2013. "La humanidad", dice Francisco en el Ángelus del 1 de septiembre de 2013, "necesita ver gestos de paz y escuchar palabras de esperanza y paz".

La asistencia a los que sufren

La preocupación de Francisco a lo largo de los años y en vista de las cumbres internacionales sobre Siria, es de respetar el derecho humanitario. Solicitó repetidamente garantías para la evacuación de civiles y elogió la acogida de países como el Líbano, Jordania y Turquía. Desde Lesbos, en 2016, el Papa junto con el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo de Atenas Ieronymos, firmaron una Declaración Conjunta con el fin de implorar el fin de la guerra e intensificar los esfuerzos para la acogida de los que huyen.

“Pedimos a todos los países que extiendan el asilo temporal, ofrezcan el estado de refugiados a quienes son idóneos, incrementen las iniciativas de ayuda y trabajen con todos los hombres y mujeres de buena voluntad por un final rápido de los conflictos actuales”.

Un sufrimiento que clama a Dios

Ante los secuestros de cristianos y musulmanes, entre los cuales obispos y religiosos, Francisco pide que callen las armas y en su Carta a los cristianos de Oriente Medio habla de las tribulaciones puestas en acto por el autodenominado Estado Islámico.

“En los últimos meses se han agravado debido a los conflictos que afligen a la Región, pero especialmente por la actividad de una reciente y preocupante organización terrorista, de unas dimensiones nunca antes vistas, que comete todo tipo de abusos y prácticas inhumanas, golpeando especialmente a aquellos de ustedes que han sido brutalmente expulsados de sus tierras, en las que los cristianos están presentes desde la época apostólica”. "Este sufrimiento clama a Dios y apela al compromiso de todos nosotros, en la oración y en todo tipo de iniciativas".

"El fundamentalismo religioso - explica el Papa en enero de 2015 - incluso antes de rechazar a los seres humanos perpetrando horribles masacres, rechaza a Dios mismo, relegándolo a un mero pretexto ideológico".

Rosario y peregrinación por la paz en Siria

“Queridos hermanos y hermanas, el mes de mayo está dedicado a la Virgen; los invito a cultivar la devoción a la Madre de Dios con el rezo cotidiano del Rosario, orando en particular por la paz en Siria y en el mundo entero”. En el martes primero de mayo de 2018 el Romano Pontífice iniciaba el Mes de María con una peregrinación al Santuario del Divino Amor, en donde recitó el  Santo Rosario “por la paz en Siria y en el mundo entero”, algo que había anunciado en el domingo precedente, cuando, durante el rezo del Regina Coeli, había pedido a los peregrinos del mundo que lo acompañasen con esta intención particular.

Acción común a favor de la paz en Siria

También dos domingos antes, es decir, el 15 de abril del mismo año, el Papa Francisco realizaba un apremiante llamamiento a los líderes políticos:

“Estoy profundamente preocupado por la situación mundial actual, en la cual, a pesar de los instrumentos a disposición de la comunidad internacional, es difícil acordar una acción común a favor de la paz en Siria y en otras regiones del mundo. Mientras rezo incesantemente por la paz e invito a todas las personas de buena voluntad a continuar haciendo lo mismo, mi llamamiento nuevamente a todos los responsables políticos, para que prevalezcan la justicia y la paz”.

No hay guerras buenas y malas

Y el domingo 8 de abril, tras recibir noticias de terribles de bombardeos con decenas de víctimas, “noticias de muchas personas golpeadas por los efectos de sustancias químicas contenidas en las bombas” el pontífice afirmaba que “no hay una guerra buena y una mala” y que “nada puede justificar el uso de tales instrumentos de exterminio contra personas y poblaciones inermes” insistiendo en que se ore "para que los responsables políticos y militares elijan el camino de la negociación".

Fin inmediato del exterminio en Siria

“Frutos de paz para el mundo entero”, comenzando por “la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no ve el fin”: así, en cambio, se expresaba en su Mensaje Urbi et Orbi, en el domingo de la Resurrección del Señor. El Romano Pontífice rezaba para que en esta Pascua la luz de Cristo iluminase las conciencias de los responsables políticos y militares, para que “se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente”.

En 2019, en las estaciones de la cruz del Coliseo, dos sirios sostuvieron la cruz con fuerza en la duodécima estación. Las manos alrededor de la madera son un recordatorio de las palabras del Papa en su Carta a los Cristianos en el Medio Oriente en 2014, "que puedan siempre dar testimonio de Jesús a través de las dificultades”, escribió Francisco.

Niños, esperanza de paz

En el pensamiento de Francisco siempre hay un espacio particular para los niños, las primeras víctimas de la guerra que "no podrán ver la luz del futuro". Condenando firmemente el uso de armas químicas y los traficantes de armas que "siguen haciendo sus intereses: armas bañadas en sangre, sangre inocente", el Pontífice recuerda que la violencia crea violencia.

"Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones al que no se puede escapar! Nunca es el uso de la violencia lo que lleva a la paz. ¡La guerra llama a la guerra, la violencia llama a la violencia!"

El 1 de junio de 2016, con ocasión del Día Internacional del Niño, el Papa invita a los niños de todo el mundo a unirse en oración con sus pares sirios. El 2 de diciembre de 2018, primer domingo de Adviento, enciende una vela, símbolo de la paz, para los pequeños que viven en conflicto, para que no pierdan la esperanza. La paz, después de todo, Francisco repitió varias veces, "comienza en el corazón".

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Alocución del Santo Padre antes de rezar la oración mariana del Ángelus de este primer domingo de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor y XXIV Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

Ciudad del Vaticano. - “Que la Virgen María nos ayude a contemplar cada día en Jesús el Don de Dios para nosotros, y a dejarnos involucrar por Él en el movimiento del don, con alegre asombro, para que toda nuestra vida se convierta en una alabanza a Dios en el servicio a nuestros hermanos”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración mariana del Ángelus de este primer domingo de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor y XXIV Jornada Mundial de la Vida Consagrada.

Modelos de acogida y donación de la propia vida a Dios

Hoy celebramos la Fiesta de la Presentación del Señor, dijo el Santo Padre, y también hoy se celebra el Día de la Vida Consagrada, “que recuerda el gran tesoro en la Iglesia de aquellos que siguen de cerca al Señor profesando los consejos evangélicos”. Comentado el Evangelio de San Lucas que narra la presentación del Niño Jesús en el templo para consagrarlo a Dios, como prescribía la Ley judía, el Obispo de Roma señaló que, “este episodio llama nuestra atención al ejemplo de algunos personajes que son tomados en el momento en el cual hacen experiencia del encuentro con el Señor”. Se trata de María y José, Simeón y Ana, que representan modelos de acogida y donación de la propia vida a Dios y que el evangelista Lucas los describe a todos con una doble actitud: de movimiento y de asombro.

Movimiento: la vida cristiana es dinamismo y disponibilidad

La primera actitud es el movimiento, afirmó el Papa Francisco, vemos a María y José que se ponen en camino hacia Jerusalén; por su parte, Simeón, movido por el Espíritu, va al templo, mientras que Ana sirve a Dios día y noche sin descanso. “De esta manera los cuatro protagonistas del pasaje evangélico – precisó el Pontífice – nos muestran que la vida cristiana requiere dinamismo y disponibilidad de caminar, dejándose guiar por el Espíritu Santo”. El inmovilismo, señalo el Papa, no se acomoda con el testimonio cristiano y la misión de la Iglesia. Por ello, el mundo necesita cristianos que se dejen conmover, que no se cansen de caminar por las calles de la vida, para llevar a todos la palabra consoladora de Jesús.

“¡Todo bautizado ha recibido la vocación al anuncio – anunciar algo, anunciar a Jesús, a la misión evangelizadora: anunciar a Jesús! Las parroquias y las diversas comunidades eclesiales están llamadas a fomentar el compromiso de jóvenes, familias y ancianos, para que todos puedan hacer una experiencia cristiana, viviendo la vida y la misión de la Iglesia como protagonistas”

Asombro: capacidad de maravillarse ante lo que nos rodea

La segunda actitud, subrayó el Santo Padre, con la que San Lucas presenta a los cuatro personajes de la narración es el asombro. María y José «se asombraron de las cosas que se decían de él [de Jesús]». El asombro es también una reacción explícita del viejo Simeón, que en el Niño Jesús ve con sus ojos la salvación obrada por Dios en favor de su pueblo. Y lo mismo ocurre con Ana, que «también comenzó a alabar a Dios». “Estas figuras de creyentes – señaló el Pontífice – están envueltas en el asombro, porque se dejaron capturar e involucrar por los eventos que estaban sucediendo ante sus ojos”.

“La capacidad de maravillarse ante las cosas que nos rodean fomenta la experiencia religiosa y hace fructífero el encuentro con el Señor. Por el contrario, la incapacidad de asombrarse nos hace indiferentes y amplía la distancia entre el camino de la fe y la vida de cada día. ¡Hermanos y hermanas, siempre en movimiento y dejando apertura a la maravilla!”

Nuestra vida se convierta en alabanza a Dios en el servicio

Antes de concluir su alocución, el Papa Francisco pidió que la Virgen María nos ayude a contemplar cada día en Jesús el Don de Dios para nosotros, y a dejarnos involucrar por Él en el movimiento del don, con alegre asombro, para que toda nuestra vida se convierta en una alabanza a Dios en el servicio a nuestros hermanos.

Abrir las puertas a nuevas formas de fraternidad solidaria

Después de rezar a la Madre de Dios, el Santo Padre recordó que, hoy en Italia se celebra la Jornada por la Vida, que tiene como tema: “Abran las puertas a la vida”. “Me asocio al Mensaje de los Obispos – señaló el Pontífice – y espero que esta Jornada sea una oportunidad para renovar el compromiso de custodiar y proteger la vida humana desde el principio hasta su fin natural. También es necesario contrastar toda forma de violación de la dignidad, incluso cuando están en juego la tecnología o la economía, abriendo las puertas a nuevas formas de fraternidad solidaria”.

En el Día de la Vida Consagrada, el Pontífice invitó a todos los fieles a rezar por todas las personas consagradas que trabajan mucho y a veces lo hacen en silencio. Ave María…

Asimismo, el Papa Francisco saludó a los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, en particular, a los estudiantes de Badajoz (España); a los fieles de Cremona, Spoleto, Fano, Palau y Roseto degli Abruzzi, a los peregrinos Polacos y Japoneses. Para luego despedirse con su acostumbrado saludo de “buen domingo” y de no olvidarse de rezar por él. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

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En alusión a la lectura del Evangelio del día que narra el inicio del ministerio público de Jesús y su gran anuncio "Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca", el Papa Francisco recordó a la hora del rezo del Ángelus, que para lograr una conversión de vida, debemos encontrarnos verdaderamente con el Señor, "escuchar su llamada, dejar todo inmeditamente y seguirlo". ¿Cómo se hace esto? Abandonando el camino del egoísmo, del mal y del pecado, tal como hicieron sus primeros discípulos, los primeros mensajeros de la Palabra de Dios.

Ciudad del Vaticano.- El 26 de enero, tras haber celebrado en la Basílica del Vaticano la Santa Misa del domingo de la Palabra de Dios, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Ángelus junto a miles de fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

"Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca"

Comentando el Evangelio de hoy (cf. Mt 4,12-23) que relata el comienzo de la misión pública de Jesús en Galilea, "una tierra en las afueras de Jerusalén y mirada con recelo debido a su mezcla con los paganos porque de esta región no se esperaba nada bueno", el Santo Padre destacó el núcleo central del mensaje que allí predicaba el Maestro: "Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca" (v. 17), lo que se traduce como una invitación "a cambiar de vida".

Abandonar el camino del egoísmo, del mal y del pecado

"Con la venida de Jesús, luz del mundo, Dios Padre mostró a la humanidad su cercanía y amistad", añadió Francisco subrayando que estos dones nos fueron entregados "gratuitamente más allá de nuestros méritos". En este sentido, el Pontífice puntualizó que la llamada a la conversión, "que Jesús dirige a todos los hombres de buena voluntad", se comprende plenamente a la luz del acontecimiento de la manifestación del Hijo de Dios.

Sin embargo, no siempre es fácil lograr este cambio de vida, ya que para ello hay que "abandonar el camino del egoísmo, del mal y del pecado" y esto es posible si el compromiso de conversión se centra "en Cristo y su Espíritu, y no sólo sobre nosotros mismos y en las propias fuerzas".

Abrirnos a la misericordia del Padre

Al respecto, el Santo Padre pone en guardia sobre el hecho de que nuestra adhesión al Señor "no puede reducirse a un esfuerzo personal", sino que debe expresarse en una apertura confiada del corazón y de la mente para recibir la Buena Nueva de Jesús, "abrirnos a la misericordia del Padre y a dejarnos transformar por la gracia del Espíritu Santo".

"Aquí es donde comienza un verdadero camino de conversión. Precisamente como sucedió con los primeros discípulos: el encuentro con el divino Maestro, con su mirada, con su palabra, les dio el impulso para seguirlo, para cambiar vida poniéndose concretamente al servicio del Reino de Dios".

Imitemos a los primeros mensajeros de la Palabra de Dios

El Papa concluyó haciendo hincapié en que el encuentro sorprendente y decisivo con Jesús "dio inicio al camino de los discípulos, transformándolos en anunciadores y testigos del amor de Dios por su pueblo", y lanzó una invitación: que cada uno de nosotros imite a los primeros mensajeros de la Palabra de Dios, "dando pasos en las huellas del Salvador, para ofrecer esperanza a los que tienen sed de ella". Todo esto, buscando siempre la intercesión de la Virgen María.

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En su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, el Papa recordó que este segundo domingo del tiempo ordinario está en continuidad con la Epifanía y la fiesta del Bautismo de Jesús, que celebramos el domingo pasado. Y recuerda que Jesús ha expiado el pecado del mundo para que seamos libres.

Ciudad del Vaticano.- El Papa en su alocución previa al rezo mariano del Ángelus, nos pide que contemplemos a Cristo “con los ojos y más aún con el corazón; y dejémonos instruir por el Espíritu Santo, que dentro nos dice: ¡Es Él! Es el Hijo de Dios hecho cordero, inmolado por amor. Sólo Él ha traído, sufrido, expiado el pecado del mundo, y también mis pecados. Ha tomados todos nuestros pecados y los alejó de nosotros, para que finalmente fuéramos libres, no más esclavos del mal”.

El testimonio de Juan el Bautista

En el Evangelio de este segundo domingo del tiempo ordinario, se sigue hablando de “la manifestación de Jesús”.  Después de haber sido bautizado en el río Jordán, “fue consagrado por el Espíritu Santo que reposó sobre él y fue proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre celestial”.

El Papa Francisco nos recuerda además que el evangelista Juan, a diferencia de los otros tres, no describe el evento, sino, “que nos propone el testimonio de Juan el Bautista. Primer testigo de Cristo”. Juan el Bautista afirmó el Papa, no puede frenar el urgente deseo de dar testimonio de Jesús.

Juan vio algo impactante, es decir, el Hijo amado de Dios en solidaridad con los pecadores; y el Espíritu Santo le hizo comprender la novedad inaudita, un verdadero cambio de rumbo. El Santo Padre dijo al respecto, que mientras que en todas las religiones es el hombre quien ofrece y sacrifica algo a Dios, en el caso de Jesús “es Dios quien ofrece a su Hijo para la salvación de la humanidad”.

“Juan manifiesta su asombro y su consentimiento a esta novedad impactante que trae Jesús, a través de una expresión significativa que repetimos cada vez en la Misa: "¡He aquí el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo!”.

Empezar una y otra vez el camino de fe

El Pontífice nos dice que, el testimonio de Juan el Bautista, nos invita a empezar una y otra vez en nuestro camino de fe: empezar de nuevo desde Jesucristo, el Cordero lleno de misericordia que el Padre ha dado por nosotros. Y que nos sorprendamos cada día por la elección de “Dios de estar de nuestro lado, de solidarizarse con nosotros los pecadores, y de salvar al mundo del mal asumiéndose totalmente la responsabilidad”.

Francisco nos pide que aprendamos del Bautista a no dar por sentado “que ya conocemos a Jesús, que ya lo conocemos todo de Él. No es así. Detengámonos en el Evangelio, quizás incluso contemplando un icono de Cristo, un "Santo Rostro", una de las muchas representaciones maravillosas de las que es rica la historia del arte en Oriente y Occidente”.

Contemplemos a Cristo con el corazón

Contemplemos a Cristo “con los ojos y más aún con el corazón; y dejémonos instruir por el Espíritu Santo, que dentro nos dice: ¡Es Él! Es el Hijo de Dios hecho cordero, inmolado por amor. Él, sólo Él ha traído, sufrido, expiado el pecado del mundo, y también mis pecados. Todos”.

Ha tomados todos nuestros pecados y los alejó de nosotros, dijo por último el Papa, para que finalmente fuéramos libres, no más esclavos del mal. Sí, ¡todavía pobres pecadores, pero no esclavos, no, sino hijos, hijos de Dios!

Búsqueda de la paz para Libia

El Papa Francisco, después de la oración del Ángelus,  expresó su preocupación por la paz en Libia y recordó que hoy se desarrolla en Berlín una conferencia para discutir la crisis en ese país del norte de África y expresó: “Espero que esta cumbre, que es tan importante, sea el inicio de un camino hacia el fin de la violencia y una solución negociada que conduzca a la paz y a la tan deseada estabilidad del país”.

Como es habitual, el Papa también saludó a los presentes en la Plaza de San Pedro, y  recordó que este año ha sido designado internacionalmente como el "Año de la Enfermera y la matrona". Las enfermeras, dijo, son las trabajadoras de la salud más numerosas y las parteras son quizás la más noble de las profesiones. Y pidió orar por ellas para que puedan hacer su preciosa labor de la mejor manera posible.

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María, José y Jesús, representan una respuesta “coral a la voluntad del Padre”: ellos se ayudan recíprocamente a realizar el proyecto de Dios, rezando, trabajando y comunicándose. Que ellos, dijo el Papa en su reflexión de hoy, “sean modelo” para nuestras familias, a fin de que padres e hijos “se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia”.

Ciudad del Vaticano.- En la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret el Papa Francisco se asomó a la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico Vaticano, para rezar junto con los fieles y peregrinos la oración mariana del Ángelus. A María, “Reina de la familia”, encomendó a todas las familias del mundo, especialmente a las probadas por el sufrimiento o el malestar.

En su meditación antes del rezo mariano, fue puesta de manifiesto la obediencia de María, la de José y la del mismo Jesús, que es “la voluntad del Padre”. Ellos, dijo el Pontífice, adhirieron “libre y responsablemente” al proyecto de Dios. La Sagrada Familia de Nazaret “estuvo totalmente disponible a la voluntad de Dios”.

La obediencia en la docilidad de María

Centrándose en cada uno de los miembros de esta familia, el Santo Padre destacó primeramente la “docilidad” de María a la acción del Espíritu Santo, que le pide que se convierta en la Madre del Mesías: 

María, como toda joven mujer de su tiempo, estaba a punto de realizar su proyecto de vida, es decir, casarse con José. Pero cuando se da cuenta de que Dios la llama a una misión particular, no duda en proclamarse su "sierva" (cf. Lc 1,38).

El Papa señaló que de María, Jesús exalta su grandeza, y lo hace “no tanto por su papel de madre, sino por su obediencia a Dios”. Aun cuando Ella “no comprende plenamente los acontecimientos que la involucran”, en silencio “medita, reflexiona y adora la iniciativa divina”. Y su presencia al pie de la Cruz “consagra” esta disponibilidad total suya.

La obediencia en la acción de José

De José, Francisco resaltó su obediencia en la acción, puesto que el Evangelio “no nos deja ni una sola palabra”, porque “él no habla, sino que actúa obedeciendo”. José es “el hombre del silencio, el hombre de la obediencia”, dijo. Y recordó que la página del Evangelio del día (cf. Mt 2,13-15.19-23) alude bien tres veces a la obediencia del "justo José", quien “bajo la guía de Dios, representado por el ángel” “aleja a su familia de las amenazas de Herodes y la salva”. 

De este modo la Sagrada Familia se solidariza con todas las familias del mundo que se ven obligadas al exilio; se solidariza con todos aquellos que se ven constreñidos a abandonar su propia tierra a causa de la represión, de la violencia y de la guerra.

Jesús, la voluntad del Padre

“Finalmente, - continuó el Papa - la tercera persona de la Sagrada Familia, Jesús. Él es la voluntad del Padre: en Él – dice san Pablo – no hubo ni 'sí' y 'no', sino sólo 'sí'".  (cf. 2 Co 1,19).

Francisco señaló que la obediencia de Jesús “se manifestó en muchos momentos de su vida terrenal”, y puso como ejemplo el episodio en el templo, cuando sus padres, angustiados, lo buscaban. A ellos Jesús respondió: "¿No saben que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre” (Lc 2,49). También recordó el constante repetir del Maestro: "Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me ha enviado". Y su oración en el Huerto de los Olivos: "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, que se cumpla tu voluntad" (Mt 26,42).

Todos estos eventos – aseguró el Santo Padre – son la realización perfecta de las mismas palabras de Cristo que dice: "Tú no has querido ni sacrificio ni ofrenda [...]. Entonces he aquí que vengo [...] a hacer, oh Dios, tu voluntad". (Heb 10.5-7; Sal 40.7-9).

Es necesario retomar la comunicación en la familia

María, José y Jesús “rezaban, trabajaban, se comunicaban”, continuó diciendo el Papa, y, he aquí que la pregunta que le surgió espontánea en este día fue: “¿tú, en tu familia, sabes comunicarte, o eres como esos chicos en que la mesa, cada uno con el teléfono móvil, está chateando?”

Debemos retomar la comunicación en familia: los padres con los hijos, con los abuelos, los hermanos entre sí... Es una tarea que hay que hacer hoy, precisamente en el Día de la Sagrada Familia.

La Sagrada Familia de Nazaret, respuesta “coral” a la voluntad del Padre

La Sagrada Familia de Nazaret representa "una respuesta coral a la voluntad del Padre”: ellos se ayudan recíprocamente a realizar el proyecto de Dios, rezando, trabajando y comunicándose. "Que ellos -concluyó el Papa en su reflexión de hoy, - sean modelo para nuestras familias, a fin de que padres e hijos se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia”.

Encomendamos a María "Reina de la familia" a todas las familias del mundo, especialmente a las que están extenuadas por el sufrimiento o las dificultades, e invocamos sobre ellas la protección divina.

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El Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la Santa Misa en la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. En su homilía el Pontífice se centró en tres adjetivos de María: ella es “mujer, madre y mestiza”, dijo.

Ciudad del Vaticano.- El Papa Francisco presidió en la Basílica de San Pedro la Santa Misa en la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe. En su homilía el Pontífice se centró en tres adjetivos de María: ella es “mujer, madre y mestiza”, dijo.

María es mujer-discípula

María es mujer. Es mujer, es señora, como dice el Nican mopohua. Mujer con el señorío de mujer. Se presenta como mujer, y se presenta con un mensaje de otro, es decir, es mujer, señora y discípula. A San Ignacio le gustaba llamarla Nuestra Señora. Y así es de sencillo, no pretende otra cosa: es mujer, discípula.

Francisco señaló que la piedad cristiana “siempre buscó alabarla con nuevos títulos”: eran “títulos filiales”, dijo, “títulos del amor del pueblo de Dios”, pero que “no tocaban en nada ese ser mujer –discípula”. Y recordó que San Bernardo decía que “cuando hablamos de María nunca es suficiente la alabanza”. Los títulos de alabanza, “no tocaban para nada ese humilde discipulado de ella”, subrayó.

Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como co-redentora, no: discípula. María es Madre

María, además, “nunca robó para sí nada de su Hijo”, sino que lo sirvió “porque es Madre”, prosiguió Francisco, centrándose en el segundo adjetivo.

María es Madre nuestra, es Madre de nuestros pueblos, es Madre de todos nosotros, es Madre de la Iglesia, pero es figura de la Iglesia también. Y es Madre de nuestro corazón, de nuestra alma. Algún Santo Padre dice que lo que se dice de María se puede decir, a su manera, de la Iglesia, y a su manera, del alma nuestra. Porque la Iglesia es femenina y nuestra alma tiene esa capacidad de recibir de Dios la gracia, y en cierto sentido los Padres la veían como femenina. No podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano que se extiende.

La esencialidad de María: ser mujer y madre

El Pontífice afirmó luego que cuando se busca el papel de la mujer en la Iglesia se puede ir "por la vía de la funcionalidad" porque la mujer "tiene funciones que cumplir en la Iglesia". Se trata de algo que sin embargo, "nos deja a mitad de camino", puesto que "la mujer en la Iglesia va más allá" con ese principio mariano que "maternaliza" a la Iglesia, y la transforma "en la Santa Madre Iglesia".

María mujer, María madre, sin otro título esencial. Los otros títulos, pensemos en las letanías lauretanas, son títulos de hijos enamorados que le cantan a la Madre, pero no tocan la esencialidad del ser de María: mujer y madre.

María se mestizó para ser Madre de todos, y mestizó a Dios

María, concluyó el Papa, se “nos quiso mestiza, se mestizó”. Pero no lo hizo “sólo con el Juan Dieguito, con el pueblo”, sino que ella se mestizó “para ser Madre de todos”, se mestizó “con la humanidad”. “Y, ¿por qué?” – planteó Francisco. “Porque ella mestizó a Dios”:

Y ese es el gran misterio: María Madre mestiza a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo.

“Cuando nos vengan con historias de que había que declararla esto, o hacer este otro dogma o esto, no nos perdamos en tonteras”, alentó Francisco: “María es mujer, es Nuestra Señora, María es Madre de su Hijo y de la Santa Madre Iglesia jerárquica y María es mestiza, mujer de nuestros pueblos, pero que mestizó a Dios”.

Que nos hable como le habló a Juan Diego desde estos tres títulos: con ternura, con calidez femenina y con la cercanía del mestizaje. Que así sea.

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«Pablo nos enseña la perseverancia en la prueba y la capacidad de leer todo con los ojos de la fe. Pidamos al Señor hoy, por intercesión del Apóstol, que reviva nuestra fe y nos ayude a ser fieles hasta el final de nuestra vocación de discípulos misioneros». Pablo prisionero ante el rey Agripa, tema de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 11 de diciembre de 2019.

Ciudad del Vaticano. - “Siguiendo el viaje del Evangelio que nos narra el libro de Los Hechos, descubrimos que san Pablo, evangelizador lleno de entusiasmo y misionero intrépido, participó también en los sufrimientos de la pasión del Señor Jesús, pues como Él, fue igualmente odiado y perseguido”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del segundo miércoles de diciembre de 2019, continuando con su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Pablo se asocia a la pasión de su Maestro

El Santo Padre comentando el capítulo 21 del Libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que se describe la llegada del Apóstol a Jerusalén, dijo que este evento desencadenó un odio feroz hacia él, como lo fue para Jesús, Jerusalén es también la ciudad hostil para san Pablo. “Fue al templo, fue reconocido, sacado para ser linchado y salvado in extremis por los soldados romanos. Acusado de enseñar contra la Ley y el Templo, fue arrestado y comenzó su peregrinación como prisionero, primero delante del sanedrín, luego ante el procurador romano en Cesarea y finalmente ante el rey Agripa”. El evangelista Lucas, señaló el Pontífice, evidencia la semejanza entre Pablo y Jesús, ambos odiados por sus adversarios, acusados públicamente y reconocidos como inocentes por las autoridades imperiales; y así Pablo se asocia a la pasión de su Maestro, y su pasión se convierte en un evangelio vivo.

La persecución a los cristianos en Ucrania y el mundo

El Papa Francisco hablando espontáneamente señaló que, esta mañana tuvo una primera audiencia, con los peregrinos ucranianos de una diócesis de Ucrania. “!Cómo han sido perseguidos esta gente, cuánto han sufrido por el Evangelio! Pero no negociaron la fe. Es un ejemplo. Hoy en el mundo, en Europa, muchos cristianos son perseguidos y dan su vida por su fe, o son perseguidos con guantes blancos, es decir, dejados de lado, marginados”. El martirio, agregó el Papa, es el aire de vida de un cristiano, de una comunidad cristiana. Siempre habrá mártires entre nosotros: esta es la señal de que vamos por el camino de Jesús. Es una bendición del Señor, que exista en el pueblo de Dios, alguno o alguna que sea este testimonio del martirio.

Asimismo, el Santo Padre señaló que, Cristo resucitado hizo cristiano a Pablo y le confió la misión entre los gentiles, él está llamado a defenderse, y al final, en presencia del rey Agripa II, su apología se convierte en un eficaz testimonio de fe. “San Pablo fue llevado ante el rey Agripa para defenderse de las acusaciones que le hacían sus enemigos. Hablando ante el rey – dijo el Papa hablando en nuestro idioma – manifestó su íntimo ligamen con el pueblo de Israel y contó la historia de su conversión: Fue Cristo Resucitado quien lo hizo cristiano y quien le encomendó la misión de ser apóstol de los gentiles. Pablo, obediente al mandato del Señor, se dedicó a demostrar cómo Moisés y los profetas habían preanunciado lo que él les anunciaba: que Jesucristo por su pasión, muerte y resurrección había sido constituido Señor y Salvador”.

Las cadenas de Pablo signo de su fidelidad al Evangelio

El apasionado testimonio de Pablo, explicó el Santo Padre, toca el corazón del rey Agripa, y fue declarado inocente, pero no pudo ser liberado porque apeló al César. Así continúa el viaje incontenible de la Palabra de Dios hacia Roma. “A partir de este momento – puntualizó el Papa – el retrato de Pablo es el del prisionero cuyas cadenas son el signo de su fidelidad al Evangelio y del testimonio dado al Resucitado”.

El Papa a Eparquía de Mukácheve: gracias por su fidelidad a Jesucristo

Las cadenas de Pablo un instrumento misionero eficaz

Las cadenas, subrayó el Papa Francisco, son ciertamente una prueba humillante para el Apóstol, que aparece al mundo como un “malhechor”. Pero su amor por Cristo es tan fuerte que incluso estas cadenas se leen con los ojos de la fe; fe que para Pablo no es "una teoría, una opinión sobre Dios y el mundo", sino es "el impacto del amor de Dios en su corazón, es amor por Jesucristo".

Antes de concluir su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y de Latinoamérica. “Pidamos a Dios nuestro Padre que nos conceda perseverar en los momentos de prueba y que nos dé también la capacidad de leer todos los acontecimientos de nuestra vida con los ojos de la fe, para mantenernos fieles en nuestra vocación de discípulos misioneros”.

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En la parroquia de San Pedro en Tha Kham el Papa encontró a los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados, seminaristas y catequistas. A sellar el encuentro, la oración por las vocaciones, pidiendo a Dios que inculque en quienes viven la vida religiosa, sirven en ministerios parroquiales y a las familias, “la confianza y la gracia” de invitar a otros a abrazar el camino audaz y noble de la vida consagrada

Ciudad del Vaticano.- El Papa encontró en Tailandia, un país con una pequeña minoría de presencia católica a los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados, seminaristas y catequistas. El encuentro tan esperado para los que dedican su vida al servicio de los demás, tras el discurso del Papa, fue sellado con una oración a Dios Padre:

“Señor de la cosecha, Bendice a la juventud con el don de la valentía para que respondan a tu llamado. Abre sus corazones a grandes ideales y a grandes cosas. Inspira a todos tus discípulos al amor y servicio mutuo—Para que florezcan vocaciones en la tierra fértil de tu pueblo fiel. Inculca en los que viven la vida religiosa, sirven en ministerios parroquiales y nuestras familias, la confianza y la gracia de invitar a otros a abrazar el camino audaz y noble de una vida consagrada a Ti. Únenos a Jesús a través de la oración y los sacramentos para poder cooperar contigo en la construcción del Reino de la misericordia, de la verdad, de la justicia y de la paz. Amén.”

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